Diario de miradas

Serxio

 


Cap. 1: El de los morros. 


Las gafas son rectangulares, poco más grandes que sus cuencas oculares. 


Detrás de ellas, unos ojos de piedra se enfocan en un concreto punto entre mi oreja izquierda y el culo del señor que tengo delante. 


Los morros en forma de higo abierto por la mitad, quién sabe por qué. 


O bien está al borde del Eureka o dentro de esa mente no hay más que blanco. 


Agarra su mochila como si guardara algo valioso o añorara su peluche preferido de la infancia. 


Quizá tan solo está viajando en un recuerdo. 


Vamos a llamarle Lluís. 


Pròxima estació: Torrassa. 


 


Cap. 2: Mirada somnífera


Hoy ha perdido el vagón para empezar este martes de marzo 


El cabello recuerda a una tormenta solar y los ojos a una persiana cerrada. 


¿Qué habrá pasado?


¿Se habrá estado amando toda la noche con su gata o le preocupa la conciencia de que sus días son finitos? 


El móvil asoma por el bolsillo, como buscando ser robado. 


Quizá simplemente sus sueños son demasiado atractivos. 


Said. 


Pròxima estació: Urquinaona. 


 


Cap. 3: Vejez. 


¿A partir de qué momento se es viejo?


Su mirada parece tener certeza de que no solamente este vagón está llegando a su parada de destino.


En su cartera va armado con dos bolígrafos azules.


Son las balas que le quedan para matar al olvido. 


Tiene cara de Randolph.


Pròxima estació: Catalunya. 


 


Cap. 3. 1: Miel 


Una mirada con sabor a miel con queso fresco. 


 


Cap. 4: Riachuelo


Como un riachuelo de primavera, tu mirada es fresca y viva. 


Acompañada de una voz de color ámbar, cariñosa, tu aura me atrae como un planeta atrae a su satélite. 


Es afortunada la persona al otro lado de la línea, la envidio y me alegro por ella al mismo tiempo. 


Voy a llamarte Ámbar, por tus ojos. 


Pròxima estació: Collblanc. 


 


 


Cap. 5: Yo


Hoy me encuentro con mi mirada en un vidrio que apenas refleja. 


Sustentada sobre un pedestal de dos generosas alforjas en forma de media luna que piden a gritos una siesta. 


Porque es viernes y mi mirada está cansada. 


Cansada de una semana entera de mirar hacia afuera y olvidarme de dentro.  


De perderme en el laberinto, vuestro laberinto de miradas. 


Me llamo Serxio. 


Pròxima estació: Torrassa.


 


 

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