El Metro y Mi Viaje Horrible

Nora cb

Hoy, como todos los días, me metí al metro. Estaba superlleno y hacía un calor que flipas. Estaba tan lleno que no pude ni respirar, y encima, el aire acondicionado no funcionaba. Obviamente, no es como si me sorprendiera, porque siempre pasa lo mismo.


 


El tren llegó y, claro, todo el mundo empujándose para entrar, como si no hubiera otra forma. Me metí y, claro, como estaba tan lleno, me quedé pegada a una señora que no paraba de mirarme mal porque no la dejaba moverse. El tren empezó a moverse y ya fue un desastre. Cada vez que frenaba, todo el mundo casi se caía encima de otro. ¡Qué horror! Además, hacía tanto calor que sentía que me iba a desmayar.


 


Había un montón de gente rara. Había una chica que no paraba de hablar por teléfono, otro tipo que no dejaba de mirar su móvil, y un niño pequeño llorando porque no llegaba a ver por la ventana. En serio, estaba todo el mundo como si nadie tuviera cerebro.


 


Pasaron mil estaciones y parecía que nunca iba a llegar a mi parada. A lo tonto, el trayecto se hizo eterno. Cuando por fin llegué a mi destino, me bajé tan rápido que casi me caigo, y lo único que pensaba era “mañana, otra vez lo mismo”.


 


El metro es un caos, pero bueno, hay que aguantarlo porque no hay otra opción.


 

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