Metro equivocado

Irene-Tais

Era un lunes por la mañana. Aurora estaba sentada en un banco esperando el metro. Su padre no había podido llevarla en coche al colegio, ya que había un gran atasco por toda Barcelona. “Qué fastidio”, pensó la joven. Nunca había ido sola en transporte público.  Poco después, el metro entró y Aurora subió y se sentó. Casualmente, el metro estaba vacío. Aurora no le dio mucha importancia.


Pasados unos minutos, quiso ver cuántas paradas quedaban, pero en ningún lado se leían las estaciones. Notó que el metro era bastante diferente al que conocía, tenía colores más vivos, y naturales.


Después de un buen rato, el metro salió a la superficie. Una selva preciosa con cascadas y animales era visible desde dentro. ¿Era real? Aurora se quedó con la boca abierta. Nunca había visto un paisaje tan bonito.


Pasado un rato, el metro paró en una estación y las puertas se abrieron. Fue entonces cuando una mujer enorme subió al vagón. Aurora se quedó pálida como una nube.


Era una mujer de piel oscura, mediría por lo menos dos metros. Sus alas, cola de plumas y pelo blanco resplandecían. Llevaba una ropa parecida a la de la antigua Grecia. Sus ojos se clavaron en Aurora.


-Como has llegado aquí? – dijo la mujer. Le echó un vistazo más de cerca, intentando averiguar qué era.


- ¡Ah, ya sé! ¿Tú eres una humana, verdad? He escuchado mucho sobre vosotros


 Aurora se sorprendió al oír eso. Y preguntó:


-¿Quién o qué eres tú?


-Yo me llamo Afrodita y soy una Physis. ¡Me gustaría darte la bienvenida a la Barcelona Subterránea! – comentó con una gran sonrisa.


Aurora estaba aún más confundida. ¿Physis? ¿Barcelona subterránea? La pobre joven iba a desmayarse en cualquier momento. Afrodita se ofreció a enseñarle el lugar. Aurora aceptó. Las dos siguieron en el metro, observando el hermoso paisaje. ¡Quien diría que debajo de la ciudad hubiese una selva! A la siguiente parada, Afrodita y Aurora bajaron. La estación estaba encima de unos árboles muy altos, y no había manera de bajar a pie. Afrodita cogió a Aurora y empezó a volar, mientras ella gritaba por su vida. Afrodita había abierto sus alas y estaba volando.


-Nunca me dijiste tu nombre- mencionó Afrodita


-Me llamo Aurora- La joven respondió más calmada y asombrada por la vista.


-Bien, espero que me dejes contarte una historia, Aurora- Afrodita sonrió con dulzura.


Afrodita se posó en un árbol, donde se podía ver una gran ciudad llena de autobuses y metros. Ni un solo coche a la vista.


-Nuestra ciudad existe desde hace mucho tiempo. Antes se utilizaban coches individuales y medios de transporte contaminantes. En aquellos tiempos, este lugar era gris y aburrido. Decidimos cambiar. Sustituimos los coches particulares por una buena red de transporte público, que nos llevara a unos lugares fantásticos y acogedores. La contaminación bajó y nosotros empezamos a vivir mejor.


Aurora estaba impactada.


-Lo que quiero decirte es que empieces a cambiar tu mundo a mejor, Aurora. Puedes empezar haciendo pequeñas cosas para contaminar menos. Los demás tomaran iniciativa de ti, ya verás.


Aurora se puso a pensar, y quizás su nueva amiga tenía razón. Era hora de actuar. Aurora cerró sus ojos, tal como le dijo Afrodita, y unos segundos después, la joven pudo escuchar el sonido de un metro. Cuando miró, seguía sentada pero esta vez el metro era el de siempre.


Aurora encontró una pluma gigante de color blanco dentro de su mochila. ¡Era de Afrodita! La pluma confirmó que no había sido un sueño. Estaba lista para empezar a cambiar el mundo.


 


 

Categoría de 13 i 17 años. Saint Nicholas School

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