El robo del móvil
El otro día me subí al metro de Barcelona, como siempre, con la idea de llegar a mi destino sin problemas. Era una mañana normal, la gente iba y venía y yo disfrutando del viaje. De repente, en una de las paradas, se subió un grupo de chicos que, la verdad, no tenían muy buena pinta. Se notaba que eran un poco movidos, pero no les di más importancia.
La cosa es que, mientras yo iba absorto mirando por la ventana, sentí un pequeño empujón. No pensé mucho en ello, pero cuando volví a mirar mi mochila, ¡sorpresa! La cremallera estaba abierta y mi móvil había desaparecido. En ese momento el corazón se me paró. Miré a mi alrededor y vi a esos chicos riéndose entre ellos, como si nada. Fue en ese instante que entendí lo que había pasado: me habían robado.
La gente en el metro iba tan tranquila, ajena a lo que acababa de suceder. Me sentí impotente. Intenté buscar a los tipos, pero ya estaban en otra parte del vagón, como si nunca hubieran estado ahí. Al final, decidí avisar al personal de seguridad en la siguiente parada, pero ya era tarde. Mi móvil se había ido y, con él, muchas fotos y recuerdos.
Salí del metro con una mezcla de rabia y tristeza. Aprendí la lección: siempre hay que estar atento y no confiarse, porque en un abrir y cerrar de ojos, te pueden dejar sin lo que más valoras. ¡Así que no hay que bajar la guardia!
Categoría de 13 i 17 años. Institució Igualada