La luz de sus ojos

Gerard i Kevin

El sonido del traqueteo de las vías resonaba en los oídos de Marta mientras bajaba los escalones del metro uno a uno y poco a poco. Cuando consiguió bajarlas,  uno de los seguratas, el cual ya estaba familiarizado con la presencia de Marta y ya la conocía, decidió saludarla con un “buenos días, Marta”.  Ella le respondió con una sonrisa y agradeció ese pequeño gesto de reconocimiento que hacía su día un poco mejor.  Poco después llegó el metro de Marta y  ella entró dentro.


Dentro del metro fue tanteando cada paso con su bastón color gris ceniza.


Marta se movió por el pasillo del metro con una gracia adquirida, ganada con tantos años de viajes y práctica. Sus dedos rozaban ligeramente las barras metálicas de los vagones, contando mentalmente hasta la octava barra, que era donde estaba su asiento  habitual. Se sentó y colocó su bastón a su lado.


El metro arrancó con una sacudida y Marta se empezó a sumergir en el hermoso paisaje sonoro que la rodeaba: el tintineo de unas llaves, el pitido de un móvil sonando y las charlas. ¡Dios! ¡Qué divertidas eran las charlas!, pensaba Marta. Todo eso creaba una sinfonía urbana que, a Marta, le encantaba cada día más y más.


Mientras el metro avanzaba por las  diferentes paradas del suburbano de Barcelona, Marta reflexionaba el cómo su experiencia en el metro había podido cambiar tanto con los años. Recordaba, sobre todo, los primeros días que perdió su vista, cada viaje para ella era una aventura extremadamente aterradora e intranquila y, ahora, podía disfrutar diariamente los viajes. Le parecían hermosos.


De repente, una voz infantil rompió su ensimismamiento -“Mamá, ¿por qué esa señora tiene un palo?”-  Marta sonrió pensando en los miles de veces que le habían hecho la misma pregunta - “Joan, eso es un bastón, no un palo y ayuda a que las personas ciegas se puedan mover por el mundo”-.


Marta miró a la madre y asintió. Era una explicación básica, pero funcional. Marta decidió meterse en la charla y dijo -“Así es, este bastón es prácticamente como mis ojos, me ayuda a ver el mundo con mis manos y oídos”- el mismo niño se sentó a su lado y le preguntó con la curiosidad digna de un niño de su edad -“¿cómo sabes cuál es tu parada?”-


Marta sonrió y respondió -“Uso muchas pistas como escuchar las paradas: el ambiente y también me suelen ayudar personas como tu madre”-.


Al cabo de un rato, la madre y su hijo se tuvieron que bajar y la madre le dio las gracias a Marta. Marta continuó ensimismada hasta que llegó a su parada, bajó del vagón con una sensación de calidez en su corazón. Mientras su bastón tocaba el conocido pavimento de su estación, Marta reflexionó sobre cómo un viaje de metro podría terminar siendo una oportunidad para el entendimiento mutuo. Estos momentos de conexión humana eran los que realmente iluminaban su camino, mucho más que cualquier luz que sus ojos pudieran haber visto.


 

Categoría de 13 i 17 años. Escola çPia Luz Casanova

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