Marzo de 1938

Simona

―Hermana, tengo miedo. ¿Ya se ha acabado? ―pregunta un pequeño niño.


―Sí, ya se ha acabado, Andreu. ―le responde una joven adulta mientras quita sus manos de las orejas de su hermano. 


 


En el túnel de la parada Rocafort de la L1, se esconden gran parte de las víctimas de esta catástrofe. En pocos meses se cumplirán dos años de este conflicto, pero ambos bandos se empeñan en seguir adelante con sus planes y, sobre todo, en conseguir su victoria. 


 


Los refugiados intentan olvidar el frío del lugar, calentándose con lo poco que han podido llevarse. Todos pueden sentir el hambre del otro, la comida cada vez es más escasa. 


 


Los susurros se acumulan. Madres que abrazan a sus hijos y padres que procuran tranquilizarlos, mientras que algunos tratan de curar las heridas físicas. Entran dos chicos armados y parcialmente vendados. El que va delante es impetuoso y el segundo queda tras él.


 


―¿Señorita Núria Creu? ―se escucha la voz del miliciano.


―¡Aquí! Soy yo. ―levanta la mano la joven adulta. 


―Hermana, hermana. ¿El de atrás es Sebas? ―pregunta emocionado sin apartar la mirada del sujeto misterioso.


 


Núria examina al desconocido. Aunque ha pasado un año, ella lo recuerda perfectamente. Flaco, con una cara ovalada y pelo revuelto. En su último cumpleaños, le había regalado un pañuelo tejido por ella, con fondo blanco y la letra “S” en verde, su color favorito, antes de que se sumara a las milicias. La chica se emociona al creer esas semejanzas. 


 


―¡Sebastià! ―corre hacia él para abrazarlo. Al hacerlo, se extraña. 


―Disculpe, no soy Sebastià. Soy Rafael, un camarada suyo de la batalla.


 


La joven, avergonzada, pide disculpas al soldado y formula la temida pregunta.


 


―Lo siento mucho… ―empieza hablar Rafael, sacando el pañuelo manchado de sangre. ―Tu hermano ha muerto.


 


El voluntario le entrega la prenda. Núria cae de rodillas al suelo y su grito de dolor invade el lugar. Nadie se sorprende, aun así le dan el pésame con su silencio. A pesar de su corta edad, Andreu encaja la tragedia con rapidez y corre a consolar a su hermana mayor.


 


Hoy es diecinueve de marzo. No se escuchan más explosiones, parece que la situación está en calma. Los refugiados salen a respirar y contemplan desgarrados su ciudad destruida, excepto los dos hermanos Creu. En pocos días empezará la primavera, excepto para ellos.

Categoría de 13 i 17 años. El Joncar

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