El destino

Blanca

Aquel 18 de noviembre, después de un largo día por Barcelona pasando y disfrutando de sus bonitas calles y tiendas llegué a la estación de metro de Diagonal. Nada más entrar, noté como una suave brisa pasaba por mi, y me removía el estómago como si estuviesen unas mariposas jugando dentro de mí.


Lo que vi fue algo que nunca antes mis ojos hubiesen imaginado que verían. Esa melena larga, rubia, bien cuidada, destacaba por ella misma. En cuanto la vi, supe que tenía que ir a hablar con ella. Yo justo acababa de salir de una relación muy tóxica, que me dejó pensando que el problema estaría presente si ahí estaba yo. Y me costó mucho salir, porque no era consciente de lo que verdaderamente estaba viviendo. Mientras me iba aproximando a la chica que tanto me impresionó, ya se olía su perfume desde la distancia, era una mezcla entre dulce y avainillado.


Estaba ya sentada a su lado, de la pantalla indicaba que solamente quedaban 2 minutos para que el tren llegase, y quién sabría si la iba a perder de vista para siempre cuando las puertas de ese metro empezasen a pitar al cerrarse. Así, decidí lanzarme al agua, y preguntarle cuál era su destino; coincidió que justamente íbamos al mismo lugar. Le empecé a preguntar cosas de su vida, en la primera frase que me dijo, ya se veía que era una chica bastante intelectual e interesante. Estudiaba un doble grado de ingeniería con IA. Estaba ya en su segundo año y se la veía muy motivada, ya que era lo que siempre había querido estudiar. Ya, bastante impresionado, por lo formal que era, simpática y acogedora, estaba muy a gusto.


Una vez subidos al tren, nos sentamos juntos y en un abrir y cerrar de ojos, ya habían pasado los 20 minutos de trayecto que tan lejos se me hacían normalmente. En el momento de despedirnos, decidí darle mi número de teléfono, por si quería seguir manteniendo el contacto, y en ese preciso momento, fue cuando empezó una eterna y bonita historia de amor.

Categoría de 13 i 17 años. Fert Batxillerat

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