El gran trabajador del metro

Xavi

Era un 18 de abril cualquiera sin ningún indicio de que pasaría nada especial. En la línea roja, es decir la L1, se encontraba de vigilante alguien llamado Pablo, que llevaba 30 años en el mismo puesto y con la misma ilusión que el primer día. A las ocho de la mañana empezó su turno como todos los días, pero lo que él no sabía es que no sería un día como todos.


Empezó su jornada como lo había hecho durante las tres últimas décadas, tomándose un café y un croissant. Más tarde, revisó las cámaras y dio una vuelta como de costumbre, y no parecía que fuese a ocurrir nada especial. No obstante, después de su pausa del mediodía notó que una persona extraña llevaba en el mismo tren una hora. Las primeras ideas que le vinieron a la cabeza fueron que se habría despistado o dormido pero, cuando miró más detenidamente, se fijó en que llevaba un auricular poco habitual. Curiosamente Pablo había tenido un altercado el año pasado con un grupo de carteristas italianos, por eso fijó su atención en ese hombre del tren.


Pablo, aparte de tener certificados en defensa personal y artes marciales, también había estudiado un curso en el que aprendió a reconocer lo que la gente decía, solo por el movimiento de los labios, así que vio que ese chico hablaba otro idioma que no era el español. En ese momento, le saltaron las alarmas y avisó a sus compañeros. Ya eran las cinco y todos los niños salían del colegio para volver a sus casas y muchos de ellos utilizaban el metro, por eso Pablo salió de su “oficina”, desde donde vigilaba, y bajó al tren para poder evitar que el sospechoso intentase robar a alguien. Cuando el tren se paró en Plaza España, de repente subieron muchas personas de golpe, de tal forma que Pablo no veía al sospechoso. Pablo intentaba hacerse hueco entre la gente, pero había tantas personas que no fue tarea fácil, además el sospechoso se movía entre los pasajeros aprovechando el caos y la multitud de gente que había.


En un momento, el carterista se detuvo abruptamente frente a una mujer mayor que estaba leyendo un libro y de un movimiento rápido, le quitó la cartera sin que nadie lo notase. Justamente en ese movimiento rápido, se agachó para robarle el móvil, pero Pablo estaba atento.


Con un salto, se acercó por detrás, le agarró del brazo y lo empujó hacia atrás. El carterista intentó soltarse, pero el vigilante lo inmovilizó. Con un grito de frustración, el carterista finalmente se rindió mientras el tren reducía la velocidad para llegar a la siguiente estación.


El vigilante escoltó al ladrón hacia la puerta, entregándolo a su compañero de seguridad. Pablo respiró aliviado, pero sin dejar de estar alerta; sabía que su trabajo nunca terminaba.

Categoría de 13 i 17 años. Fert Batxillerat

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