¿LAS PALABRAS SIRVEN?

Mara

Fue sin pensarlo. Fue de película. Todo el mundo se silenció: calles desiertas, pérdida de gritos callejeros e infantiles durante la tarde y en pleno atardecer, el silencio de nuestro rostro bajo una máscara… eso pensaba en el balcón bajo la lluvia. Abril. Estábamos en abril y llovía día sí día también, exceptuando algunos. Estaba encerrada y todo el mundo confinado. ¿Quién iba a pensar esto? Nadie, pero quisiera combatirlo, acabar con él. Me llamo Sabrina; siempre he sido una persona creativa y que adora captar y sentir los pequeños momentos y la rutina que debo vivir día a día, por eso echo de menos salir. Me paso horas con la mirada fija en la calle, desearía volver a pasear, a invertir en el transporte público, al despertar temprano, a observar rostros desconocidos. Y de ver. De observar. De la libertad.


 


Me dirijo a la cama. Es tarde y tengo sueño, pero siempre, antes de dormir pienso en cómo será la vida actual con esta situación en cada persona del mundo y cómo podríamos evitar y terminar con la vida del virus que nos hace arruinar la nuestra. Creo historias debajo de las sábanas. Me conciencio de que tengo sueño y de que estoy dormida, y acabo por hacerlo. Pero ese día no, ese día entró mi hermana, Bea, cuyo llanto creaba el sentimiento de su rostro. Se sentó. Yo sólo la miré. No entendía nada y ella terminó por tumbarse a mi lado derecho. Yo tan sólo miraba hacia arriba. No le gusta que la miremos mientras las lágrimas invaden sus ojos. 


-No saldremos nunca - me dijo.


Pero yo no sabía qué responderle a eso. Es algo imprevisible y nadie sabe lo que pasará, porque forma parte de un futuro muy cercano pero lejano a su vez.


-Lo único que debes pensar es en la humanidad de la sociedad. No sabes si tiene, pero debes pensarlo.


Lo único que debía hacer, era explicarle y mostrarle algo para que recuperara una débil esperanza y hacerla dormir. Dormir es algo parecido a algo adictivo para buscar el bienestar; te calma y evade, pero eso sí, dormir es algo realmente calmante, como las palabras que buscaba decirle.


-Bea, escucha. ¿Me responderías a esta pregunta? - le dije.


-Sí.


-¿Qué es la libertad?


-Pues no lo sé. Supongo que la libertad es la capacidad y la facultad natural del humano para reaccionar de cierta manera u otra con la máxima capacidad de opinión y expresión por su bienestar, y en el intento de ayudarse a sí mismo y hacer todo por él.


-Sí.


Pero apareció el silencio. Debía seguir.


-Ahora que has reflexionado sobre lo que tienes, ¿por qué no piensas en lo que has podido hacer y valoras e inviertes tiempo en echar de menos, que en esto? No te lleva a ningún lado y, sinceramente, no sé exactamente cómo terminar con este virus malvado, lo único que puedo decir es que busques la confianza, empatía y la humanidad que cada ser humano tiene. Puede que no sea un gran remedio, pero debes respetar y vivir lo que vives en estos instantes. Esto es historia, sé amable. Búscale algo, inspírate, búscate… sácale algo a esto. 


 


Pero antes de que acabase, un gran y temible monstruo con un horrible aspecto del virus que vivía en él, apareció de la nada y nos miró. 


-Yo soy temible, espontáneo, grande y con una gran capacidad de generar miedo; ya ves, aparecí sin pensarlo. Pero hasta que no me marche, cada persona debería escuchar tus palabras - dijo. Y se marchó.


¿Sabrías cómo combatir a un monstruo y su virus? Yo tampoco lo sé. Paciencia y humanidad. Al fin y al cabo, todo termina. Y esto, también.


Acabamos dormidas.

Categoria de 13 a 16 anys. Institut Rovira Forns