Cómo te conocí

Roger

-¡Selig! -grita su madre-. Necesito que me hagas un favor.


-Ya voy.


-Toma -dice mientras saca dinero de su bolsillo-. Necesito que vayas a comprar unas cosas.


-Vale… -responde con un suspiro.


El chico coge el dinero, y el mapa con indicaciones que le tiende su madre,  y se dirige temeroso hacia la puerta de su casa.


-En lugar de ir andando -dice mamá-, como haces siempre ¿no sería mejor que cogieras el metro para ir más deprisa? La tienda está lejos.


-Mamá, en el metro hay mucha gente.


“¿Por qué no recuerdo cómo se iba al mercado?”, piensa Selig confuso. “No puedo estar siempre con mapas”.


Tras un tiempo un tiempo dando vueltas, consigue llegar al mercado y salir con una bolsa llena de ingredientes. Mientras vuelve, siguiendo su mapa, se fija en la entrada del metro. De repente, empiezan a caer pequeñas gotas del cielo, como si el destino quisiera que el chico entrara a aquel lugar. La tristeza le invade todo su cuerpo al adentrarse en el metro. ”Siempre he odiado mi vida, por el simple hecho de sentir”.


Selig compra un ticket de un viaje, baja al andén y espera a que el metro aparezca.


”Ojalá”, una lágrima cae por su cara mientras se sienta,mi problema no existiera. Así, al menos sabría que es lo más importante”.


Selig cierra los ojos y se esfuerza en recordar algo, por muy pequeño que sea. Abre los ojos para observar la parada donde estuvo esperando desde la ventana del vagón.  


”Un momento, ese sitio me suena”. Observa el andén con atención hasta que se produce un chispazo en su cabeza y consigue decir una palabra. 


-¡Abuelo!- exclama en voz alta, sin prestar atención a que los demás le miran- ¡Ya me acuerdo!


Llega a su casa corriendo, como una flecha, y se acerca hasta su madre, que está en la cocina.


-¡¿Qué te pasa, hijo?!


-¡Me acabo de acordar del abuelo! -exclama Selig- ¿Sabes dónde está?


-¿Sigues sin recordarlo? Hace días que le visitamos en el hospital.


El chico sale de casa disparado con un nuevo mapa. Tarda pocos minutos porque se encuentra cerca. Nada más entrar, pregunta dónde se encuentra el abuelo.


- Está en un pequeño parque que tenemos al lado -le dice una enfermera.


Selig llega al parque y se encuentra con aquel ser tan querido, sentado en un banco. No ha necesitado mapas.


-¡Abuelo! -exclama, levantando la mano.


-Veo que al final te atreviste -dice el abuelo, con una sonrisa, cuando Selig se sienta a su lado.


-Lo siento mucho. Es que… Sigo sufriendo el maldito problema.


-Lo lamento -el abuelo abraza a su nieto-. Por cierto, me dijo tu madre que casi nunca sales de casa. ¿Por qué?.


-Pues… -Selig suspira-. Porque no quiero vivir buenos momentos, sé que los olvidaré al día siguiente.


-Tranquilo -responde su abuelo con calma-, todos tenemos problemas. Pero ya ves: hay que poder con ellos.


-Fue gracias al metro -dice Selig sonriente-. Me atreví a subirme. Y el tren me trajo recuerdos de ti.


-Pues entonces tienes que volver, debes luchar contra tus miedos. 


-Supongo que tienes razón -responde con algo de miedo, aunque también esperanza


Tras su visita al abuelo Selig regresa a la parada para intentar recordar. Repite la compra del billete y baja al andén. Le cuesta menos entrar que la vez anterior.


-Ya me acuerdo -piensa con felicidad-, aquí es dónde te conocí por primera vez, abuelo…


- Selig… -Recuerda las palabras del abuelo-. Por mucho que olvides tus recuerdos, la amnesia no afecta al corazón.


 

Categoria de 13 a 17 anys. Dominiques Vallirana

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