El juego
Desde pequeño ya me interesaba conocer en mayor profundidad las cosas que me rodeaban y siempre me preguntaba "¿por qué?". Fue duradera mi pasión por los coches, pero mi mayor obsesión vino a los seis años. Iba por la calle con mi madre, cuando nos adentramos bajo suelo en lo que, en primera instancia, pensé que eran los refugios que se usaban durante la guerra para protegerse de los ataques aéreos. Sin embargo, inmediatamente después, mi madre me explicó que ese lugar se llamaba Metro.
Desde que bajé los primeros escalones, en la que recuerdo que era la estación de Verdaguer, mi corazón empezó a palpitar. Pasadizos, paredes, giros y ascensores; la boca del lobo y la fosa de los cocodrilos. Sí, sé que suena algo raro, pero con un poco de imaginación, creo que sabréis a lo que me refiero. Grandes aglomeraciones de gente a veces luchando por ver quién entraba antes, a lo que parecía un gran tubo de color blanco. Le pregunté a mi madre si era teledirigido, pero me dijo que tenía conductor.
Ese día comencé a querer descubrir más sobre aquel misterioso lugar. No había día en el que no me adentrara en su penumbra. Hablaba con los hombres que pedían limosna en su interior y me quedaba conversando con ellos. Compraba un donut en la cafetería; a menudo ofrecía mi ayuda a los extranjeros que no se sabían guiar por los a veces confusos y laberínticos mapas del metro.
Los años pasaron y mi afición por aquel lugar no disminuyó. Sabía y era consciente de que no era una forma de diversión muy común, pero yo lo pasaba bien. Para mí, era como jugar a un videojuego de mundo abierto y descubrir los recónditos tesoros que contenía el mapa. Por esa misma razón, un día, me senté en el escritorio de mi casa y me puse a escribir las reglas de mi juego, es decir, las instrucciones de cómo jugarlo. No mencionaré todas las reglas que escribí aquel día, porque de lo contrario este relato nunca acabaría, pero sí incluiré algunas de las más importantes.
En primer lugar, en este juego aviso a los jugadores de su gran nivel de realismo; es un juego que va más allá de la ficción. Además, se compartirá lugar con cientos de otros jugadores, por lo que la competencia será fuerte, y por ello, es necesario jugar con ambición y resiliencia. Los jugadores encontrarán líneas de diferentes colores, las cuales reflejan los diferentes caminos profesionales que pueden escoger. Yo identifico la línea azul para los policías, la roja para los bomberos y la verde para los biólogos, aunque sí, hay muchas más profesiones. Es necesario advertir a los jugadores que, dependiendo del camino que elijan, su destino final será diferente. Por ello, es crucial que consulten a un guía (mapa TMB) que haya recorrido ese camino antes de tomarlo. No me gustaría dejar de lado las habilidades necesarias para jugar. Es vital el respeto, es decir, dejar salir a la gente antes de entrar; el compañerismo, guiar a alguien si está desubicado o dejar sentar a una persona mayor; y por supuesto, la caridad, también es requerida. No cuesta nada dar una pequeña ayuda a ese músico/a que pasa interminables horas esperando a que alguien le muestre una pequeña ayuda, o a la persona sin hogar que busca compasión. Incluso una sonrisa, es suficiente. Llegados a este punto, supongo que ya sabréis a qué juego me refiero, pero los que no, no os preocupéis. El metro, no es más que un reflejo del juego de la vida: dependiendo de en qué estación nos subimos, nuestra estación de llegada será diferente.
Categoria de 13 a 17 anys. Fert Batxillerat