El testigo silencioso
El metro iba casi vacío a esa hora. Había pocas personas que o cabeceaban de sueño o esta o estaban entretenidos con el móvil. Pedro entró y se sentó en un rincón con intención de ignorar una sensación extraña que le perseguía desde que estaba en la estación.
Entonces lo notó.
Un hombre alto y con un traje negro lo observaba desde el fondo del vagón, de pie, inmóvil. No parecía moverse pero tampoco se sujetaba a nada, ni tan siquiera se tambaleaba con el movimiento del metro. Pedro, incómodo y atemorizado, tragó saliva. Fingió mirar su móvil, pero cada vez que alzaba la mirada, el hombre seguí ahí, observándolo fijamente.
Aquello le hizo darse cuenta que algo andaba mal. Rápidamente se bajó en la siguiente parada, sin importar el destino. Nervioso, subió a la calle en busca de ayuda. Empezó a correr, cada vez que se giraba, pedro veia al hombre, quieto, sin moverse, y sin embargo cada vez estaba más cerca. Pedro no entendía nada.
El cogió un taxi y se fue a su casa con la esperanza de que todo fuera un sueño. Al llegar a su casa, vio a su madre y, tras ella, vio a ese mismo hombre. Pedro, asustado, apartó a su madre de él y le preguntó si ella también lo veía. Su madre, desconcertada, le dijo que no veía a nadie. Y le dijo que se fuera a la cama.
En la cama. Pedro reflexionó y comprendió que, si solo lo veía él, tenían que ser imaginaciones suyas.
Al día siguiente Pedro fue al juzgado, ya que días atrás había estado involucrado en una pelea y había herido a un niño. En el juzgado estaba la familia del niño y detrás el hombre misterioso. Al finalizar el juicio Pedro se disculpó con la familia del niño. Al instante el hombre misterioso que había estado atormentado a Pedro se descompuso.
Categoria de 13 a 17 anys. Institució Igualada