Cuidado con lo que llevas
Juan subió al metro en la estación Diagonal a las once de la noche. Otro día más rumbo a su trabajo como potrero en una de las discotecas más peligrosas de Barcelona. Se acomodó en un rincón del vagón observando a la gente de forma discreta, ya que él ya ha visto demasiadas cosas. A unos metros de él, estaba Luisa distraída con su teléfono. Juan con su mirada rápida y feroz vio cómo dos carteristas desconocidos se acercaban con sigilo. En cuestión de dos segundos, le sacaron a Luisa la cartera y las llaves sin que ella se diera cuenta. Juan se quedó quieto. Pensó en actuar, pero ¿valía la pena meterse en problemas?, apretó la mandíbula y miró a Luisa, que seguía distraída con el teléfono, sin pensar que en cuestión de segundos cambiaría su noche. Algo en su expresión inocente, en su despreocupación, le revolvió el estómago. No podía quedarse allí sin hacer nada. Al haber hecho este pensamiento Juan tomó el teléfono y llamó a la policía.
-Acaban de robar a una chica en el metro de Diagonal.
Mientras hablaba, los carteristas se mezclaron con la gente en el vagón. Juan se acercó sutilmente a Luisa y le explicó lo sucedido. Al principio no le creyó, pero al meter la mano en el bolso y revisar todas sus pertenencias, el miedo se reflejó en todo su cuerpo.
Los policías, Jose y Pedro, recibieron el aviso y se dirigieron a la siguiente estación. La intervención por parte de los policías no podía ocurrir hasta que el metro se detuviera. Juan y Luisa, decididos a no perder de vista a los ladrones, se movieron entre los pasajeros deslizándose entre cuerpos y mochilas sin dejar rastro intentando seguirlos. Cuando el metro se detuvo, los dos oficiales entraron y tomaron declaraciones. Pero los carteristas ya no estaban. Se habían esfumado, como si se tratara de un susurro en la noche.
Juan bajó en su estación. Tenía una noche larga por delante.
En la discoteca, un grupo de jóvenes bebidos entró haciendo ruido. Dos de ellos se rieron de Juan. Juan con su actitud firme frunció el ceño. Esas dos caras le resultaban familiares. Los reconoció. Eran los dos carteristas. Juan sin perder tiempo llamó a Luisa.
-Luisa, están aquí ven rápido a la discoteca Balnea !!!
Luisa sin perder ni un solo segundo se dirigió hacia la discoteca, en ese mismo momento avisó a la policía. Minutos después, José y Pedro (que eran los mismos oficiales de los hechos del metro) entraron a la discoteca y los identificaron.
Habían atrapado a los carteristas.
Luisa aún en shock, suspiró aliviada. Juan volvió a su trabajo.
Sólo había sido una noche más en la ciudad.
Categoria de 13 a 17 anys. Institució Igualada