Un viaje al pasado
¿Quién diría que, en un solo día, me tocaría ser la protagonista de la aterradora y espeluznante historia contada por muchos? Nos remontamos hace apenas unos años, específicamente un uno de enero. Acababa de volver de fiesta junto a mis amigas y no era capaz de distinguir una piedra de un trozo de tortilla. Iba tambaleando por las oscuras calles de Barcelona, en dirección al metro, Si mal no recuerdo había perdido un zapato y llevaba la chaqueta hecha un cuadro. Junto Marta y Helena decidimos montarnos en el metro, de esa manera se suponía que llegaríamos a casa de Marta.
Mientras esperábamos el metro vi a un chico algo peculiar. Llevaba un gran sombrero naranja y una larga chaqueta fucsia. Subió al mismo vagón que nosotras y se sentó junto a mí. El tren frenó de golpe en mitad del trayecto. Nadie sabía por qué y las luces se apagaron al instante. La gente asustada decidió abrir la linterna de sus teléfonos y, al mirar el asiento que tenía a mi lado, el hombre había desaparecido. Preocupada decidí buscarlo por el vagón, pero no había rastro de él. Tras diez minutos, me rendí y decidí ir a mi asiento a esperar a que arreglaren el tren. El vagón estaba oscuro y empezaba a dar por perdida la situación. En uno de aquellos momentos de estrés y miedo, decidí ir al baño. Y al entrar estaba allí, aquel espeluznante hombre. No se movía hi ya no tenía el sombrero naranja. ¿Qué hacía allí?, me pregunté. Había registrado aquel baño más de dos veces, y no lo había encontrado. De golpe luz volvió, y aquel extraño hombre desapareció. Extrañada, volví a mi asiento junto a mis amigas. El tren volvía a funcionar, pero aquel hombre no volvió a aparecer. Preocupada decidí explicarle lo sucedido a mis amigas, pero ellas juraban no haber visto a ningún hombre con sombrero naranja. Alarmadas decretaron pedir ayuda. El vagón entero me tomo por loca, y decidieron ignorarme. Como nadie me creía, decidí hacer borrón, ya que tampoco me encontraba en mis cinco sentidos y podría llegar a ser todo parte de mi imaginación.
Al llegar a casa me tumbé en la cama, aunque no pude pegar ojo. Mi mente jugaba conmigo, y no paraba de reproducirme una y otra vez, la imagen de aquel extraño hombre. Aquel mismo viernes, decidí visitar a mi abuela María, quien hacía tiempo que no veía. Y allí, en su pequeña y acogedora casa, encontré un misterioso antiguo retrato de mi bisabuelo, el mismo hombre de sombrero naranja que había visto aquella noche en el metro. Era él.
Categoria de 13 a 17 anys. Institució Igualada