Gufi, mi compañero de vida
Me llamo Marta y, al levantarme, me espera mi compañero de vida, mi perro llamado Gufi, cuyos ojos son los míos en la penumbra. Él me guía y me advierte de los peligros.
Salimos a las calles de Barcelona, una ciudad llena de vida, donde la voz de la gente retumba en las paredes, los motores rugen por las avenidas y la brisa de la mañana acaricia la piel. Pero Gufi y yo tenemos una misión: hacer la compra de la semana en Las Ramblas. Para ello, nos dirigimos al metro.
Esperamos en el andén cuando, de repente, Gufi empieza a inquietarse, algo inusual en él.
— Gufi, ¿qué pasa? — le susurro, acariciándolo para tranquilizarlo.
Entonces, un hombre andrajoso y de mirada cansada se acerca. Lleva una mochila vieja y una manta al hombro. Su olor a calle y su voz pastosa lo delatan como alguien que sobrevive entre las sombras del subterráneo. Se sitúa al lado de Gufi y comienza a dar vueltas a su alrededor. Gufi está cada vez más nervioso.
De pronto, siento un tirón brusco. El vagabundo se ha llevado a Gufi. Lo ha secuestrado. La repentina pérdida de equilibrio me hace caer al suelo.
Una mujer se acerca y me ayuda a levantarme. Intuyo que es una mujer por su tono de voz. Se ofrece a llevarme a algún sitio, pero yo no puedo irme. No sin Gufi.
Categoria de 13 a 17 anys. Institució Igualada