El último tren de la noche
La noche había sido una locura. Zeus, Aquiles, Antígona y Sara salieron del waka de Sabadell, cansados pero contentos después de toda la fiesta. Pillaron el bus hasta Barcelona y luego se metieron en el metro de Diagonal, sabiendo que era el último tren de la noche.
El vagón estaba casi vacío. solo había un par de borrachos en una esquina, una señora dormida, un señor alto de pie sujetando la barra de dentro, y un anciano que los miraba de forma rara. Iban charlando sobre lo que había pasado en la fiesta, de las chicas con las que había hablado Aquiles intentando ligarse las. bueno… tremendo fracaso, y de como Antígona había perdido la chaqueta.
Todo iba normal hasta que, de repente, el metro se detuvo sin avisar, justo en medio del túnel. Las luces se apagaron por completo y quedó todo oscuro. Al poco rato, las luces volvieron, pero algo raro había pasado: La señora, el señor alto, y los borrachos ya no estaban.
--¿Dónde se han ido? - preguntó Antígona, mirando a su alrededor, algo confundida.
--¿Seguro que no se bajaron? - dijo Zeus, aunque ni él estaba convencido.
En ese momento, el viejo que los había estado mirando se acercó. Llevaba la cara tapada con una bufanda, y sus ojos brillaban demasiado para la poca luz que había.
--No podéis quedaros aquí - les dijo con voz grave -. Este tren no va a ninguna parte.
--¿Qué quieres decir? - preguntó Aquiles, con un tono casi desafiante.
El viejo señaló hacia los asientos, Antígona que es curiosa se giró y vio que había unos símbolos extraños en los asientos, no era de ningún idioma que conociera.
--Este tren se lleva a los que no deberían estar aquí - les explico el viejo.
--Si no bajáis en la siguiente parada, os quedareis aquí ¡ PARA SIEMPRE !… Empre… Empre… Empre.
De repente las luces volvieron a parpadear y el viejo ya no estaba.
--Esto es muy raro - dijo Sara, nerviosa.
El metro empezó a moverse de nuevo, más rápido que antes, sin detenerse en ninguna estación.
--Esto no es normal - dijo Zeus, con un miedo en el cuerpo que no se lo quitaba nadie, ni su peluche Tedi. --Tenemos que salir de aquí.
Aquiles intentó abrir las puertas pero estaban bloqueadas. Golpearon los cristales pero el tren seguía hacia adelante sin parar, iba arrebatado en la yipeta.
--Voy a intentarlo - dijo Zeus. Decidido, después de hablar con Aquiles que contara hasta tres cuando la cuenta llegara a tres abrieron la puerta de emergencia y saltaron todos, Antígona les siguió rápidamente.
Pero cuando Zeus se giró… Sara ya no estaba.
--¡Saraa! - gritó Antígona, mirando a todas partes pero no había rastro de ella.
La estación desapareció, el tren todo ya no había nada de símbolos de que hubiera existido la estación, todo quedó como si nada.
Los amigos miraron los móviles, ni el número, ni fotos no había nada que indicara que Sara hubiera nacido, se quedó en el olvido junto la estación.
Categoria de 13 a 17 anys. Institució Igualada