Viejo Amigo

Angel

Me desperté en el bosque con la cabeza dándome vueltas y el estómago revuelto. No recordaba cómo había llegado allí. Miré a mi alrededor y vi un pequeño pueblo no muy lejos. Con miedo y tambaleándome, caminé hasta él. Hacía frío, y el silencio era tan espeso que me ponía los pelos de punta. Acababa de cumplir 13 años hacía una semana y nunca me había sentido tan solo.


Cuando entré al pueblo, no había nadie. El sol se estaba ocultando, debían ser como las 7 u 8 de la tarde. Caminé por las calles desiertas y todo se sentía raro, demasiado ordenado, demasiado limpio. De repente, unas campanas empezaron a sonar al final de la calle. Me acerqué con cuidado y me escondí detrás de una esquina. Lo que vi me dejó sin aliento.


Un grupo de seres con cuerpos de humanos, pero caras de animales, se reunía en la plaza. Los hombres vestían con trajes antiguos, de los años 60, con sombreros de copa. Las mujeres llevaban vestidos largos y negros, como si estuvieran en un funeral. Estaba temblando. Todo esto era imposible. Y entonces, de golpe, todos giraron la cabeza hacia donde yo estaba.


Un escalofrío me recorrió entero. Quise correr, pero mis piernas no respondían. Una mujer con cara de ciervo se acercó. Su voz era tranquila, pero eso solo me ponía más nervioso.


—Tranquilo, tus padres llegarán en cinco días. Vente conmigo.


Me tendió la mano y, aunque tenía miedo de que me hiciera algo, se la di. Su mano era fría. Me llevó a su casa, una casa vieja y oscura que parecía sacada de una película de terror. Me llevó hasta una habitación en el piso de arriba, me empujó suavemente dentro y cerró la puerta.


Sobre la cama había un papel con unas normas escritas:



  1. No preguntar sobre su esposa.

  2. Comer todo lo que hay en el plato.

  3. No salir de la habitación desde las 12 pm hasta las 3 am.

  4. No hacer ruido en la oscuridad.


Era como si supiera que iba a venir. Me acerqué al armario y, para mi horror, encontré ropa mía dentro. La piel se me puso de gallina. En ese momento, sentí una presencia detrás de mí. Me giré y ahí estaba.


—A cenar —dijo con una voz fría.


Fui detrás de ella. Todo en la casa era tétrico. Cenamos en silencio y luego volví a la habitación. Así pasaron tres días. Seguí las reglas sin cuestionarlas. No salí de la casa por miedo, pero el cuarto día todo cambió.


Ese día, la señora se fue como siempre a hacer recados. Decidí seguirla. Salí de la casa y caminé por el pueblo. Todo se veía más distorsionado, como si los edificios se movieran cuando no los miraba. Sin darme cuenta, llegué a una estación de metro. Parecía el metro de Barcelona, pero algo no cuadraba.


Las luces parpadeaban y había un eco raro. Me acerqué al andén y vi que no había fin, solo un vacío negro. De repente, la señora apareció frente a mí. Su cara ya no parecía tan amable.


—Solo puedes salir de aquí si sigues todas las reglas —dijo con voz fría.


Entonces, una sombra oscura empezó a envolverla. Intenté correr, pero me empujó hacia las vías.


—¡No lo hagas! —grité, pero era demasiado tarde. La oscuridad me atrapó y todo se apagó en un instante.


 


 

Categoria de 13 a 17 anys. fundacionflors

T'ha agradat? Pots compartir-lo!