Unas palabras de ánimo

Marta

Era una mañana fría de marzo. Miguel se había levantado a las 5h para ir al Hospital Clínico, donde estaba realizando las prácticas para ser cardiólogo, tal y como hicieron su padre y su abuelo. Como cualquier otro día, se duchó, se tomó un café y salió de casa. Para llegar debía coger primero la L3 en “Les Corts”, y luego hacer transbordo en “Sants Estació” y coger la L5 hasta “Hospital Clínic”.


Consiguió subirse al tren de las 5:35h, cosa poco habitual. Como de costumbre, el vagón estaba vacío, nadie estaba despierto a esas horas. Aunque solo tardaba cinco minutos en llegar a Sants, se sentó y cerró los ojos porque la luz le molestaba. Sin embargo, se durmió.


Cuando se despertó, se dio cuenta de que habían transcurrido diez minutos. Se había pasado de parada. Se bajó en el siguiente apeadero y observó que estaba en Plaza España, pero también notó algo extraño. Había bancos de madera, revisores de billetes en vez de máquinas y muchos hombres en traje. Por unos segundos pensó que seguía durmiendo, era imposible lo que había pasado. Por si acaso se acercó a un maquinista y le preguntó la fecha del día, a lo que él contestó que era el 22 de marzo de 1933.


Fue entonces que comprendió que habían viajado en el tiempo. Algo había ocurrido en esos diez minutos que lo había transportado a casi un siglo anterior. Sabía que no se podía quedar ahí, puesto que hacerlo supondría cambios en el futuro. Por eso, decidió sentarse en un sitio tranquilo para pensar qué debía hacer. Las horas transcurrieron y Miguel seguía sin ideas. Además, empezó a tener hambre, aún no había comido nada. Fue entonces que se le acercó un niño. Este, que vió a Miguel desesperado, le ofreció un trozo de pan que llevaba en la mochila. Miguel dudó sobre qué hacer.


No debía relacionarse con nadie, pero la desesperación ganó sus intentos de ello.


- ¿Cómo te llamas? - preguntó Miguel.


- Mi nombre es Miguel Creu. - contestó el niño.


En ese momento se dio cuenta de quién era. Se trataba de su abuelo de joven. Su padre le había contado muchas cosas sobre él. Fue de él que recibió su nombre y fue gracias a él, y a su padre, que decidió ser cardiólogo. Sin embargo, sabía que no podía decirle quién era, así que siguió la conversación como si nada.


- Pues muchas gracias por el pan, Miguel. ¿Cuántos años tienes?


- Catorce recién cumplidos, señor.


- ¿Vienes de la escuela?


- Efectivamente. Me gustaría ser doctor.


- Pues no te rindas, crío, y estudia mucho. Tienes mucho trabajo por delante, pero valdrá la pena.


- Gracias. ¿Necesita algo más usted?


- No te preocupes. Voy a estar bien.


Fue entonces que se sintió mareado, todo giraba y había un pitido fuerte. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir se encontraba en el metro de nuevo, llegando a la parada de Sants. Miguel siguió con su día, confundido sobre qué había sucedido. ¿Había sido todo un sueño o realmente había viajado al pasado?


Pasaron los días y todo seguía igual, así que pensó que se lo debía de haber imaginado. Desde que había empezado las prácticas estaba muy cansado y con pocas ganas de seguir.


Sin embargo, un fin de semana que fue a casa de sus padres, se encontró un diario escrito por Miguel Creu en 1940. Empezó a leerlo, y se dio cuenta de que su abuelo también se había sentido desmotivado, pero esas simples palabras que le dijo esa mañana del 33 le ayudaron a seguir. Es con esto que supo que no había sido un sueño lo ocurrido, sus palabras habían influido en el futuro de su familia.

Categoria de 13 a 17 anys. Fert Batxillerat

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