Atrapados
Era un 20 de junio cualquiera, faltaban pocos minutos para el comienzo de las vacaciones de verano, y todos dirigimos nuestras miradas al reloj de clase deseando que este marcara las dos y media y el último timbre de felicidad sonara. Todos estábamos ansiosos por el inicio de las vacaciones, pero nadie se esperaba cómo acabarían.
Al salir de clase, Alex, Marc, Carla y yo nos dirigimos a la línea de metro de Cornellà, la L5. Estaba dispuesto a mostrarles la sorpresa que les había preparado, o, mejor dicho, la que había encontrado. Nos bajamos en San Ildefonso, y con cuidado nos adentramos en las profundidades de los túneles. Después de caminar por un buen tiempo, finalmente dimos con la sorpresa. Era una antigua estación de metro abandonada, que por lo que se podía observar, estaba muy descuidada. Así que decidimos decorar lo que posteriormente sería nuestro refugio del mundo exterior. Conseguimos instalar pequeñas butacas y unas pocas luces a pila, y eso ya empezaba a parecer un hogar. Esta estación llevaba años abandonada, y parecía un tanto inestable, pero no le dimos mucha importancia.
Frecuentábamos la L5 solamente para ir a nuestra guarida. Nos pasábamos las tardes jugando a póker y al blackjack, y las risas abundaban. Después de muchas tardes iguales, Alex y Carla decidieron explorar los alrededores, y parecía que habían encontrado algo. Encontraron una sala llena de cajones plateados que parecían el interior de un banco. Los cajones estaban bloqueados por una valla con barrotes, cerrada por un candado. Conseguimos abrir el candado, y dentro de esos cajones una incontable cantidad de billetes apareció ante nuestros ojos. Nos quedamos embobados por 30 segundos, cada uno pensando en la cantidad de dinero que habíamos encontrado, o en qué podíamos gastarlo. Rápidamente, nos abrazamos todos y pensamos en dividirlo en partes iguales. Nos faltó tiempo para contar el dinero, y cuando estábamos guardándolo en bolsas, de repente la estación empezó a vibrar. Trozos del techo empezaron a caer, y tuvimos que salir corriendo. La salida estaba bloqueada, y parecía que estábamos atrapados.
De golpe estábamos en total oscuridad. No se podía ver nada. Todos estábamos abrumados. Intentando salir de ahí, nos decidimos a buscar otra salida, y caminando por los alrededores, encontramos una rendija de luz. Parecía una posible salida, pero era muy pequeña. Solo Alex era capaz de salir de ahí, así que acordamos que iría a buscar ayuda al salir. Finalmente, pudimos salir de ahí, pero nunca más volvimos. Aquel lugar quedó en nuestra memoria como un misterio sin resolver.
Categoria de 13 a 17 anys. Fert Batxillerat