El chico de los pelos locos

Roloca

Un lunes más subió al bus, y delante suyo, el chico de los pelos locos y mirada inquietante que solía coincidir a la misma hora con ella, validó su tarjeta mientras iba jugando con su móvil. Se dirigió hacia un asiento y el título le resbaló de la mano, pero él no se dió cuenta. Ella la recogió del suelo y vió que era una T.Jove. El diablo que todos llevamos dentro le dijo:


-3 meses, viajes ilimitados, hummmmmm


Rápidamente se la guardó. El chico, al cabo del rato, dejó de mirar el móvil y se levantó mirando al suelo y a su alrededor con cara de espanto.


-Bufff no tengo la T.Jove, se me habrá caído antes. ¿Tú no has visto nada?- le preguntó a ella- Mi madre me matará. ¡Dice que soy tan despistado!


-No, lo siento.


-Bueno, supongo que no pasa nada. Aparecerá porque ......-hizo una pequeña pausa- ¿Sabes que tengo una especie de poder y cuando pierdo algo, que es muy a menudo, acaba volviendo a mí?


Al acabar la jornada laboral, ella fue a la parada, y antes de llegar vió que el bus ya venía y que tenía que echar a correr si no quería perderlo. Pero tropezó con algo y cayó al suelo. Todo lo que llevaba en el bolso salió volando, se puso a recogerlo y el bus se le escapó. Y al momento notó que el tobillo empezaba a dolerle.


Al día siguiente, mientras hablaba con su amiga por el móvil, iba tan distraída, que se subió a un bus equivocado y esto hizo que llegara al trabajo con bastante retraso. Su jefe le echó una bronca tal, que le provocó un fuerte dolor de cabeza que le duró todo el día. Por la noche, tuvo especial cuidado de fijarse en el número de línea que iba a coger, ya que tenía unas ganas tremendas de llegar a casa y relajarse un rato. A su lado se sentó una mujer que le hizo una pregunta. Cuando le iba a responder, la señora comenzó a hablar de otra cosa sin que le importara lo más mínimo la respuesta a su duda anterior. Y así fue durante todo el trayecto, iba enlazando un tema tras otro, de tal manera que ella no tenía espacio posible para poder introducir ninguna palabra . Seguramente, nadie le había dicho que podría ser una gran monologuista. El dolor de cabeza parecía aumentar y además la mujer despedía un olor muy desagradable, una mezcla de sudor, grasa y ambientador de pino.


El miércoles amaneció lluvioso y las calles estaban muy mojadas. Mientras esperaba como siempre el bus, pasó por allí un taxi a tal velocidad que levantó una ola de agua que impactó de lleno en su cuerpo. El susto y la impresión, hizo que ella gritara e insultara al conductor instintivamente. El resto del día lo pasó incómoda y con frío, por no hablar del aspecto de sus cabellos que con tanto esmero había alisado antes de salir de casa.


Ya era jueves, la semana iba acabando por fin y mientras planeaba qué haría el fin de semana vió al chico de los pelos locos que se dirigía directamente a ella mirándola con aquellos ojos hipnóticos.


-¿Qué?- le dijo él- Supongo que ya has tenido bastante. ¿Me devuelves ya mi tarjeta, o quieres tener más aventuras?


 

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