Con todo el amor
Estaba enamorada. Esa palpitante sensación. Me latía el alma al sentir su aliento. Verle era como ver el sol.
Me acompañó al metro antes de despedirnos. Nos besamos. Y perdí un metro. Nos abrazamos. Y perdí otro metro. Y nos besamos. Otro metro. Y nos prometimos llamarnos en unas horas. Otro metro.
Nos convertimos en la pareja cursi para los que no están enamorados, mona para aquellos que lo están, que se despiden ante el torno. Que se besan, se separan, se acercan y se besan y no acaban de decirse “adiós”.
Cuando por fin crucé el torno seguimos despidiéndonos en la distancia, con miradas de añoranza, saludos con la mano, envíos de besos a distancia.
Un chico a mi lado se rio.
Otro saludo con la mano, otro beso al aire, y el chico exclamó:
- ¡Qué se compre un billete y vaya contigo!
Lo miré y reí. Todo se iluminó.