ORIGEN Y FINAL

ALICIA DE VID

Nací cerca de «María Cristina». Decían que broté como las rosas del concurso de Pedralbes, puesto que para mis padres fui el premio de su vida.


Mi educación la hice en el mismo colegio al que habían ido mis padres, a una manzana de «Urquinaona». En época universitaria, un día, caminando por el pasillo de enlace de «Catalunya» conocí a Pau. Los dos apresurados chocamos entre los apretujones para subir al vagón. Disculpa, dijo él, yo musité perdona, los dos al unísono. Nos miramos, abrazados a nuestros estuches.


—¿Vas al conservatorio? Yo toco el clarinete. Y tú ¿qué tocas?


—Sí, ahí voy. Toco el saxo.  —Le sonreí. Bajamos en «Diagonal»


Antes del verano nos fuimos de novillos hacia «Villa Olímpica». El rumor de las olas al besar la orilla nos hizo de telonero. Nuestras notas vibraron expresivas, con su voz rica y encantadora.


Estación tras estación, nuestras vidas se unieron. Nos casamos en una iglesia de la calle Ferran, entre «Liceu» y «Jaume I». La celebración, por todo lo alto, en la marisquería del momento a pocos metros de «Barceloneta»; no éramos de gran etiqueta, sí de buen comer. Formamos «Le Club Gourmand» con nuestros amigos, y los encuentros mensuales se movían como la pieza de una tabla de Ouija desbocada. De «Plaça de Sants» a «Sant Andreu», de «Verdaguer» a «Maragall», de «Penitents» a «Clot», de «Les Corts» a «Sant Antoni» en fin, que era un no parar.  


Nuestro trayecto más frecuentado fue al trabajo. ´Suerte que siempre  estuvimos en sitios bien comunicados con el metro, aunque tuviésemos que hacer trasbordos. Nuestra huella de carbono es muy ligera: el coche, para los desplazamientos largos, fuera de la ciudad. Pau es un ecociudadano, JoTMB.


Han pasado muchos años, hemos transcurrido por muchas estaciones. Recuerdo el día en que nos conocimos, en el largo pasillo de «Paseo de Gracia», donde —arropados por la locura de la juventud— nos atrevimos a tocar el clarinete y el saxo, y nos echaron unas monedas. El recuerdo me arranca una sonrisa, que se convierte en una mueca.


Hoy es un día triste. No quiero ir con coche. En honor a Pau, iré cerca de mi lugar de origen —la maternidad—; coincide con la estación final de Pau. Cojo el metro hasta «María Cristina». Salgo a la calle y camino. Ya veo el tanatorio: ese es mi destino. Final de trayecto. Donde honraremos su memoria. Origen de uno, final de otro.


 

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