Estaciones e instrumentos

Mireia

Llevaba mucho tiempo intentando encontrarle un motivo a mi vida, pero nunca lo había conseguido. Cada día que pasaba todo se apagaba más y más. Apenas estaba en casa debido a todos los problemas que había. Estaba muerta en vida y pensaba constantemente en estarlo de verdad, hasta que al final encontré una única razón para vivir.


Un día en el que una vez más salí de casa, me quedé sin batería en los auriculares justo antes de llegar a plaza Cataluña. Al bajar del metro, de camino a la salida de la estación y en medio de un ataque de ansiedad por todo el ruido que me envolvía, escuché cómo se aproximaba una melodía que consiguió calmarme. Nunca me había dado cuenta de que había un hombre tocando el arpa justo delante de mis narices. Siempre tenía la música al máximo para no oír nada más y andaba tan cabizbaja que apenas sabía cómo eran las paredes de la estación.


Desde aquel día me quitaba los auriculares al llegar a esa parada, sólo para escuchar aquella armonía que me hacía querer levantarme de la cama. Podía pasarme horas allí quieta, escuchando atentamente cada nota que desprendían las finas cuerdas del instrumento, y observando el movimiento de las manos de aquel hombre que se ganaba la vida tocando a diario en la estación.


Me pregunto cuántas personas como yo habrán acabado con sus vidas sin escuchar el bello sonido de aquella arpa que sonaba cada día entre las paredes de la estación de plaza Cataluña, y a cuántas les habrá salvado la vida ese hombre con su instrumento.

Categoria de 13 a 17 anys. Institut Vall d'Hebron

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