Irás pero no volverás
Eran las doce de la noche cuando Laura por fin acabó su turno. Bajó apresurada las escaleras del metro de Barcelona. La estación estaba prácticamente vacía; solo quedaban algunos pasajeros que, por sus rostros, se notaba que habían pasado el día trabajando. Laura se dirigió al último vagón, se acomodó en un asiento cualquiera y suspiró de alivio. Justo delante de ella había un hombre de avanzada edad sentado leyendo un diario. Llevaba una larga gabardina marrón de aspecto viejo y un sombrero de copa negro. Le pareció que su vestimenta era de otra época, pero tampoco le prestó mayor atención. Al otro extremo había una mujer mayor que, con manos ágiles, estaba tejiendo lo que parecía ser una bufanda. Esta, al igual que el hombre, llevaba un atuendo algo anticuado. Pero esto no era lo más perturbador de la situación: el silencio inquietante del lugar la hizo estremecerse. No había un solo sonido en el ambiente aparte del traqueteo de las vías del tren.
Le recordó a las típicas películas de terror o misterio, pero simplemente pensó que estos pensamientos fantasiosos eran culpa del cansancio.
El tren por fin arrancó. Laura apoyó la cabeza en el vidrio gélido y pensó en lo complicada y agotadora que había sido la reunión de ese día, pero estaba feliz porque cada vez se acercaba más a casa y, por fin, iba a poder descansar en su mullida cama.
Notó que parecía que el tren no avanzara. Levantó la vista y se percató de que el monitor que solía anunciar las paradas estaba apagado. Un escalofrío recorrió su cuerpo de pies a cabeza y se sintió desanimada. Supuso que algo no iba bien. Decidió levantarse y se dirigió hacia la anciana para preguntarle cuál era la parada siguiente, ya que pensó que quizás a causa de su fatiga se había quedado dormida. La mujer levantó la mirada de su tarea; sus ojos no tenían luz y, con una sonrisa maquiavélica, le espetó:
--No, cariño, no hay siguiente parada. Este es el tren en el que vas pero no vuelves.
Categoria de 13 a 17 anys. Institució Igualada