Los sueños sí se cumplen

Alejandra

La salsa era su gran pasión, disfrutaba cada parte de ella, tanto los movimientos como la melodía, pero sobre todo el poder compartir este baile con otros que sentían lo mismo y tanto como él. 


El gran aficionado se llamaba Mario. Sin embargo, la salsa tan solo formaba parte de una pequeña parte de su vida; los días los tenía muy ocupados y apenas tenía un hueco para comer y dormir. Trabajaba en un restaurante durante varios turnos y, por la noche, en un bar, del que no llegaba a casa hasta altas horas de la madrugada. Su momento más deseado del día eran las mañanas, y os preguntaréis por qué, pues nadie disfruta levantándose pronto para ir a trabajar largas jornadas. Mario salía de casa con una sonrisa de oreja a oreja y recorría las mismas calles de siempre, hasta legar a la entrada del Metro de Barcelona, concretamente en la parada de Urquinaona, donde sucedía todo lo que él anhelaba cada noche. Entraba en el metro y sacaba su pequeño altavoz y ponía su canción favorita, evidentemente, de salsa. 


También pensaréis que esto debía de ser una molestia para los pasajeros, pero era todo lo contrario: Mario alegraba más de una cara a todas aquellas personas que previamente mostraban una mirada seria, atrapados por la pantalla del móvil. 


Su entusiasmo y energía al bailar transmitían una gran sensación de despreocupación; de repente, todos los problemas parecían desvanecerse, a la vida se le restaba seriedad. Todo lo que él sentía, de alguna manera inexplicable, se lo hacía sentir también a todos los espectadores, que de vez en cuando, le daban algunas monedillas.


Esta actividad tan simple era lo que mantenía a Mario con ganas de empezar las jornadas y sobre todo, lo que le permitía apreciar la bonito y pequeño que la vida le había proporcionado pero a la vez, muy significante. Su rutina era esta, y no tenía intención de cambiarla. Las pasajeros habituales ya se habían acostumbrado.


Poco a poco, la estación de Urquinaona se iba llenando y el bailarín era capaz de avistar cada vez más cabezas apreciando lo que él tanto adoraba. Uno de aquellos días, Mario se atrevió a pensar que tal vez, pero solo tal vez, toda aquella nueva gente venía por él, pero no quería ilusionarse inútilmente.


Al llegar a casa, agotado, abrió su móvil para encontrarse con un mensaje de su muy amiga Clara: "Mario, ¿has visto tu vídeo? ¡A la gente le está encantando!”


Esto le sorprendió, pero lo que le dejó de piedra fue el mensaje de una de las mejores escuelas de salsa que él siempre había adorado, reclamándole que se uniera a ellos para empezar su carrera profesional. 


Aquel, fue uno de los días más felices para Mario, estaba eufórico.


Esa sensación inicial que tanto le inspiraba y le llenaba de energía volvía a fluir por su cuerpo, Mario nunca había creído posible nada de aquello, nunca se le había pasado por la cabeza la posibilidad de dedicarse al don que la vida le había regalado. 


Aquel cinco de septiembre aprendió algo nuevo, una nueva lección que todos deberíamos conocer ya: los sueños sí se cumplen.

Categoria de 13 a 17 anys. Fert Batxillerat

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