La mujer extraña del vagón
Era una noche oscura, la luna no iluminaba mucho, y las farolas tampoco alcanzaban a alumbrar todos los rincones. Por esas calles caminaba una muchacha, con paso apresurado, que iba camino de su casa. Después de un rato, por fin vio lo que estaba esperando, la señal de metro de Plaza Cataluña.
Bajó las escaleras para llegar a la parte subterránea, la estación estaba vacía, silenciosa. Algo extraño para la estación llena de muchedumbre y ruidosa que solía ser. Ella siguió caminando hacia su línea de metro, siguiendo las indicaciones pertinentes.
Cuando llegó a su parada, el andén estaba vacío y se sentó a esperar al metro. Cuando este llegó, ella se subió al vagón que le quedaba más cerca, en el que había una hilera de asientos a cada lado, mirando al frente. En una de las filas había tres personas, en profundo silencio, así que se sentó al otro lado, de cara a ellas.
Era una mujer, que parecía estar muy pálida, y que la estaba mirando con los ojos extremadamente abiertos, pero vacíos, y además muy fijamente. A cada lado estaba sentado un hombre, ambos eran muy parecidos. Grandes, tapados y llenos de tatuajes. Los tres parecían estar sentados muy juntos, demasiado apretados para todos los asientos libres que había.
Después de un rato se dio cuenta de que la mujer seguía mirándola de la misma forma, y se le empezó a hacer un poco incómodo. Ella intentaba no fijarse, pero era como si los ojos de esa señora estuvieran clavados en los suyos, y comenzó a asustarse. ¿Qué quería esa mujer? ¿Por qué la estaba mirando tanto?
En la siguiente parada se subió otro hombre, que después de inspeccionar el vagón con la mirada, decidió ir hacia esa zona y sentarse justo al costado de la muchacha. Ella pensó que así la situación sería menos embarazosa, pero nada más lejos de la realidad, la extraña mujer no le quitaba los ojos de encima. Pasado un tiempo, la muchacha pensó que, seguro que el nuevo hombre se tendría que haber dado cuenta de esa rocambolesca situación, pero entonces, ¿por qué no decía nada? Podría ser que fuera porque él estaba igual de incómodo, o era que ella estaba teniendo imaginaciones y lo estaba exagerando. No podía ser, la mujer seguía mirándola, con los ojos igual de abiertos e igual de fijamente.
Un par de paradas más tarde, justo antes de abrirse las puertas, el hombre de su lado se tensó, y en el momento en el que se abrieron, la agarró del brazo y la sacó del vagón. Ella no tuvo tiempo de reaccionar, y cuando le habló, el tren ya se había marchado.
Le preguntó exaltada por qué le había hecho eso, que tenía que llegar a su casa, pero él no respondió y siguió tirando de ella. Ella intentó zafarse, pero el hombre no la soltaba. Cuando salieron de la estación, el hombre la soltó y le dijo:
-Te he sacado de ahí porque la mujer extraña del vagón, la que estaba entre los dos hombres de apariencia peligrosa, realmente no nos estaba mirando... porque estaba muerta.
Categoria de 13 a 17 anys. Fert Batxillerat