Estación Lesseps

Ema

Había soñado mucho tiempo con aquella revancha.


souvenirEl director intentó limpiar su nombre en la prensa, después de muchas cartas sin respuesta (o con respuestas en las que se reían de él). Comenzó a planear el asesinato que le depararía la satisfacción de la venganza.


No por principios eran enemigos. Cuando ambos estudiaban bachillerato pasó algo que jamás olvidarían: apostaron a una simple partida de póker, que el director debió haber ganado. Pero el periodista guardaba un as en la manga y de manera indigna estafó al director. El dinero que perdió terminó pagando parte de los estudios del futuro periodista.


 


El comisario, alarmado, preguntó qué había pasado. Le dieron una noticia que, le deparó sorpresa y alegría (¡por fín algo que hacer!). El vecino de un periodista había oído un grito de terror y luego un silencio sepulcral.


—¡Sí, señor!


El jefe no paraba de darle vueltas a esas palabras en su mente. Ordenó a los agentes que siguieran a ese hombre costase lo que costase.


Una hora más tarde, la policía había situado a nueve agentes en cada estación de la línea 3 del metro (según las cámaras, había subido a un tren en Palau Reial).


 — ¡Las manos arriba y no se mueva!


 


Ahora, cada día, en la estación de Lesseps, se puede ver a un asesino hablando y riendo a carcajadas con los guardias de seguridad. Disfruta de lo lindo y además se sabe todas las caras de los policías, y los saluda muy educadamente cada vez que los ve. 


En verdad, al director del museo no le gusta en absoluto reír de los chistes malos de unos guardias de seguridad medio tontos. Pero tener la verdadera historia grabada en la frente, delante de las narices de la policía, le proporciona una satisfacción que, al fin y al cabo, le vale la pena


 

Categoria de 8 a 12 anys. Antoni Balmanya

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