REFLEJOS

elpajaroverde

REFLEJOS


Entré en el metro. Eran casi las diez de la noche. Todos allí volvíamos a casa después de trabajar. Me sentaba en un asiento con mi compañera de turno a mi lado. Estaba muy cansada después de trabajar y no tenía ganas de hablar. Miré a la persona que tenía sentada delante.


Era una mujer de mediana edad, con el pelo moreno y de complexión delgada. Hubiese sido guapa si no fuera porque iba desmadejada. El pelo despeinado, la cara cansada, con ojeras y alguna arruga. Si por la mañana se había pintado, ya no quedaba nada de maquillaje a esas horas de la tarde. El cuello largo y delgado, casi de cisne, se escondía entre las escápulas, como si a la espalda llevara todo el peso del mundo.


Como casi todo el mundo en el vagón, miraba el móvil compulsivamente, subiendo y bajando el dedo por la pantalla sin realmente mirar nada. De vez en cuando su dedo se paraba y miraba con más atención el móvil mientras apretaba más los labios, haciendo un gesto de desagrado. Y un pequeño rictus de amargura afeaba su boca que de otra manera hubiera sido roja y carnosa. Sus manos eran bonitas, pequeñas y delgadas. O lo hubiesen sido si sus dedos no estuvieran llenos de pequeñas manchas de edad. Sus uñas, aunque eran de un bonito color rosa, estaban bastante mordidas.


En ese momento llegamos a la parada de Clot; se abrieron las puertas y la mujer saltó del asiento y bajó rápidamente. Casi ni la vi salir. Cuando llevé mi mirada de nuevo al asiento de delante, estaba vacío y me fijé en mi propio reflejo en el cristal.


Mis uñas estaban bastante mordidas, aunque eran bastante bonitas pues eran de un saludable color rosa. Mis manos, aunque con alguna mancha de edad, eran bonitas, pequeñas y delgadas. Mis labios, a pesar de que con los años hubieran perdido algo la sonrisa, aún conservaban su color y eran bastante carnosos. Mi cuello, a pesar de que las horas pesaban en la postura, era largo y delgado como el de un cisne.Y mi cara y pelo, a pesar de haber perdido todo el maquillaje y frescura de la mañana, todavía tenían elegancia y color.


En general, me veía bastante guapa. Nada que ver con la pobre señora que había tenido delante hacía unos minutos.


-Pobre señora la que acaba de bajar, que mala pinta hacía- le dije a mi compañera.


-¿Qué dices?¿Estás dormida? En el vagón sólo estamos nosotras desde hace bastante rato.

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