Sinusitis cerebral

Iroquita

Vuelvo a avanzar el metro que me separa de la puerta de la calle, esta vez sin mirar el móvil, y salgo.


Espero a que llegue el ascensor.


La señora del cuarto baja con la bolsa de la basura y me pregunta por mi


abuela. Qué mal huele la basura ajena.


No sé si ir caminando o coger el autobús. Autobús.


Espero tres minutos hasta que pasa el que necesito. Si hubiera tardado más de


doce me habría ido andando.


Oigo mi nombre en voz alta acompañado de un leve toque en la espalda.


Una cara sonriente me saluda.


No recuerdo su nombre. 


Era amigo de Jesús. 


Intento hacer memoria. Acoto su


nombre y llego a una conclusión. Sólo se puede llamar Ángel, Juan o Pablo.


No sé decantarme por ninguno de los tres


Hablamos de Jesús. 


Miento cuando le digo que nos hemos llamado alguna vez y que seguimos en contacto. 


No sé si miente cuando me contesta que Jesús lleva cinco meses viviendo con su novia. 


Miento porque disimulo bastante bien lo mal que me caía Lorena.


No me gusta que Jesús viva con su novia.


Y no me gusta haberme enterado porque me lo haya explicado un personaje al que no consigo delimitarle el nombre.


Jesús fue idiota por liarse con Lorena y mentí cuando le dije que no me importaba que saliera con ella.


Le digo al ojos de sapo que tengo delante que le dé recuerdos a Jesús y me bajo del autobús cuatro paradas antes.


De camino intento escuchar música para tratar de desterrar la sinusitis cerebral. 

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