Sorpresa

Echagua

Una noche más en el metro; de pronto, se detuvo el convoy entre paradas y cayeron las luces, tan sólo las de emergencias dejaban entrever algo. Sonó el forcejeo de la puerta del conductor, que se empezó a entreabrir, y sonó una lejana música desde la cabina que no dejaba adivinar la melodía. Luces brillantes que temblaban tras la obertura, y un olor diferente inundó el vagón, salió el maquinista con el semblante emocionado, era su último día, era un pastel, era su último trayecto, era su vida.


 

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