¡Preciosos ojitos achinados!

GABY

Un día cualquiera en el metro, de esos que pasan, que todo se ve igual, en esos viajes para ir y venir en el que no sabía que iba a tener una experiencia fantástica.


Como siempre, en el día a día… en uno de estos trayectos para el de regreso del trabajo a mi casa, después de una jornada intensa de trabajo, cansado, aturdido, sin fuerzas más que para relajarme, y, como siempre, de tanto cansancio, intento relajarme mirando las personas, que hablan, que van y vienen, sus gestos o cualquier cosa que me evitara dormir,(y quedarme traspuesto babeando), entonces estaba sentado, y de repente, en una de las paradas, abren las compuertas, y entra vigorosamente alguien que me sorprendió.


Ese torbellino, esa energía, ese vigor, se sentó frente a mí, y entonces pude ver que tenía una preciosa carita con melenita negra y flequillo, con unos ojitos achinados con su graciosa sonrisa.


Una vez acomodada, atusa, su camisa azul y falda, y bolso, comprobando que todo estaba correcto,va mirando hacia su izquierda, a su derecha,como inspeccionando a todos los que estábamos en al vagón de metro, y por último miró de frente y se cruzó su mirada con la mía, y sin parpadear dice a una señora que estaba sentada a su lado:


¡Este chico me está mirando fijamente!, y ella seguía señalándome pícaramente, y yo, no sabía qué hacer, la señora de forma cariñosa le comentó, ¿quién? -intentando saber-, pero siguió señalándome la chica de ojitos achinados, apuntado hacia mí, la señora me miraba también, con una mirada cálida que lo decía todo con un gesto tierno tanto a ella como a mí.


Es cierto, desde que se sentó, no podía evitar mirarla, no sé por qué, pero me hacía sonreír cuando la miraba porque descubrí una chica pícara, inocente, pero de una inteligencia especial, que no sabría definir.


Mitad avergonzado… mitad contento de haber descubierto esa forma de ver la vida con tus ojitos achinados, esa alegría, esa inteligencia que tienen las personas con síndrome de Down, ¡¡son maravillosas!!...


Y respiré profundamente, tomé oxígeno y sólo pude decirte:


¡Te miro, porque eres maravillosa!


 

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