Reencuentros

Papaya

Hace años que estuve aquí por última vez. Esta misma línea que me apartó de ti es la que nos juntará de nuevo. Otra vez aquí, como si no hubieran pasado cuatro años y tres meses. Todo sigue igual, supongo, todo excepto yo. Sé que el recorrido seguirá siendo el mismo, cinco paradas hasta ti. Cinco paradas y diez minutos que solía pasar escuchando música. Pero hoy no hay música; sólo nervios.


No sabes que ya he venido. Crees que nos veremos la semana que viene, tal y como hemos quedado. Pero no he podido esperar, amor. Necesito verte cara a cara, sin pantallas ni cambios de hora estúpidos. Así que aquí estoy, a tres paradas de ti. Seis minutos para bajar y ya solo quedará esperar. Sé, gracias a tu hermano, que sueles llegar a casa sobre esta hora.


Dos paradas y cuatro minutos de ansiedad generalizada. Inspirar y expirar.


Una parada y dos minutos. Estoy deseando abrazarte.


Bajo del metro y me siento en el banco, a esperarte.


Tres minutos para el próximo.


Recuerdo la última vez que nos vimos de verdad, en esta misma estación. Yo subía al tren sin saber cuándo volvería, y tú te quedabas sin saber si me esperarías. Y me fui sin poder contener el llanto, susurrando un último t’estimo mientras se cerraban las puertas.


Miro la pantalla y veo que quedan treinta segundos. Mi corazón se acelera, aun sin saber si estarás en éste o en el siguiente.


Me levanto instintivamente cuando veo las luces iluminando el túnel. El metro se aproxima y para.


Te veo antes de que se abran las puertas y siento miedo de que no me reconozcas. Miedo de que hayas cambiado. Miedo a haberte perdido para siempre.


Me ves mientras te levantas y te quedas paralizada.


Nos miramos.


El metro empieza a pitar para indicar que las puertas se van a cerrar y tú sigues sin moverte.


Los segundos se me hacen eternos. Te veo y es como si el tiempo no hubiera pasado. Sonrío, esperando una reacción por tu parte. Algo que me indique si quieres verme o no. Si quieres que me quede o si prefieres que me vaya.


Me doy cuenta de que estoy llorando cuando veo que derramas una lágrima. Y por fin te mueves, caminando hacia mí justo cuando las puertas se van a cerrar.


Estamos cara a cara, a menos de un metro de separación. Quiero decirte tantas cosas que no me salen las palabras.


De repente me abrazas, y sé que todo va a salir bien.

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