La librería L10 NORD- parte III

GLORIETTA TOVMA

Tan normal parecía aquel día, que me levanté y por el apuro del tiempo, ya estaba dentro de la estación, hacia Sagrera…y debiendo un pequeño favor.


Ya le decía al supervisor que iba en el tren, todo lo anterior, distrayéndolo porque no llevaba el ticket.


-Me han pagado el pasaje.


-Alto ahí, he dicho, ¿me da su nombre, por favor?


- Ni que fuera notario para pasarle mi nombre, ¿acaso el de usted no le gusta?


- Ahhh,  qué cómica.


-Cómica no, sincera y honesta.


- Repito, su ticket de la estación.


-Repito yo, que me lo han pagado, tío, sino ¿cómo estaría dentro?


-Ok, entonces procede la multa.


-Mire, sr., le llama su compañero


Al voltear el hombre, corrí fuerte, pero en vez de subir las escaleras, bajé a correr en la misma vía del metro, a paso entre carriles, tan duro como pude para huir, porque vale más no pagar la multa, que poner en riesgo mi propia vida. Luego pude conectar extrañamente hacia un pasadizo, y me dije a mí misma, ¿será que es una vía paralela? Mejor cruzo, huyendo aún de los supervisores.


¿En dónde estaba metida? Y qué demonios es eso. ¿Una estación vertical? ¿Y a dónde carajo va? A la Luna. Sin opciones seguí adelante, inclusive en el inicio del tren estaban los grandes retrovisores que sirven para mirar si hay algún usuario, antes de cerrar las compuertas. La leyenda era bastante clara, 5 paradas con nombres de países, sin conexión ni regreso.


Y ahora qué hago, cuál tomo, ¿o no tomo ninguna?


Sentí un cosquilleo en la muñeca, un ticket tatuado, solo tenía que escanearlo en la puerta que había de escoger. Siempre he querido ir a Finlandia, me gustaría averiguar si es cierto aquello del mejor sistema educativo, o quizá regresar a Ecuador y Perú, y acabar con la xenofobia sin sentido. Mirad, que incluso está España,  es solo un retorno, no puede ser, Dios, qué hago. Esto toma más velocidad a medida que no me decido.


Listo, aquí voy...


Al abrirse las puertas era un gran túnel negro. ¿Qué? ¿Es el vacío? ¿Eres tú, Estefanía, es un juego? ¿Hay alguien aquí?


No, soy solo yo. Debo decidir yo, nadie más...


Entonces, con todo el coraje que no tenía, y con la dejadez que me invadía, la desesperanza y la falta de alegría, salté.


Caí en un costal de bolsas negras, en un viejo centro comercial  que hace muchísimos años solía frecuentar. Todo oscuro, sucio, el conjunto de locales cerrados y con las puertas oxidadas, sólo a la luz un local japonés. Al acercarme estaba muy confundido, ¿eso era China? No recordaba esa opción.


-No, tonto, los chinos estamos pol todos lados. Tómate un café, te invito.


-Gracias, señor. Todo está muy gris allá afuera, parece que han terminado de destruir a mi país. No tuve que regresar.


-Entiendo -dice-, a veces no se corrige desde el pasado, sino desde lo que tenemos en el presente. También eres muy joven, habrá tiempo de sobra para esperar.


Yuca trae otro café, café café, café.


-Mira, amiga, despierta, que, si quieres café, despierta, que como es tu día libre te he preparado un desayuno.


-¿Eres tú, Estefanía?


-Y quién más, ¿un chino? Buen día


-Ah, carajo, era solo un sueño, anda, vente. Hoy fui temprano hasta Badalona con la señora que te recomendé, he hecho la visita por ti, quería que descansaras, pero me encontré este libro.


-¿Qué? ¿Otro libro?


-"Sin tetas no hay paraíso"


(continuará...)

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