Viaje en metro, viaje a la vida.

Perigüinkel

Era un día cualquiera y, como todos, me dirigía a la estación de metro de Paseo de Gracia. De lunes a viernes siempre hacía el mismo recorrido. Pero esa mañana, no sé por qué razón, no había la misma actividad que un día cualquiera, las personas que encontraba parecían errantes, como perdidas, y conforme me acercaba a la estación oía un sonido ensordecedor que penetraba en mi oído. Mientras bajaba las escaleras me encontré de frente con mi hermana, que me decía con una expresión dulce y a la vez desencajada que por favor subiera al metro. No entendí nada, pero no me dio tiempo a reaccionar, desapareció como un fantasma. Al entrar en el vestíbulo, me pareció oír voces que me resultaban conocidas pero no veía a nadie ni podía identificarlas. Era todo muy raro, aquel día. Pensé: ¿No estarás soñando?, pero no, había madrugado como todos los días e iba hacia el trabajo.


Había un trabajador de la estación  que me dijo que hoy el viaje sería especial e iba sin billete, reparé en que en el vestíbulo había 5-6 personas muy dubitativas y que no se dirigían hacia las escaleras que bajaban al andén. Eso me hizo dudar, pero pasé. El ruido ensordecedor cada vez era más fuerte, ¿sería eso lo que frenaba a la gente? ¿Qué pasaba hoy? Llegué al andén y extrañamente no había nadie, sólo yo, esperando la llegada del convoy, que estaba ya por entrar en la estación, se empezaba a sentir ese aire característico a su llegada. El ruido estaba resultando insoportable, esperaba que al subir al vagón y salir de la estación desapareciera.


A la llegada del convoy  se abrieron las puertas de los distintos vagones, y sentí un aire muy fuerte que me lanzaba hacia el lado contrario de las puertas. El aire era tan fuerte que me producía un enorme dolor en la garganta y el ruido era infernal. Me asusté, no sabía qué hacer, pero de pronto escuché a mi hermana y a las voces que oí en el vestíbulo, eran de mis padres,  de mi pareja, y supe que tenía que subir al vagón , luché con todas mis fuerzas contra el aire y logré subir.


Desperté en una habitación rodeada de mis padres, pareja y hermana. Había ganado la batalla al coma en el que entré hacía 2 semanas como consecuencia de un accidente doméstico.


 

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