Los Trenes de la Imaginación

Zapatarch

En la bulliciosa ciudad de Barcelona, entre las estrechas calles del Barrio Gótico y los majestuosos edificios de la avenida Passeig de Gràcia, existía un misterio oculto para la mayoría de sus habitantes. Bajo sus pies, un laberinto subterráneo se extendía, entrelazando las diferentes líneas del metro de la ciudad. Pero este no era un simple sistema de transporte; era una puerta de entrada a un mundo secreto y fascinante.


Los pasajeros habituales del metro solían subirse al tren, absortos en sus pensamientos, sin saber que estaban a punto de embarcarse en una aventura única. Un día, un joven llamado Marc, curioso por naturaleza, decidió explorar el lado desconocido del metro de Barcelona. Bajó las escaleras de la estación y se sumergió en la red subterránea.


A medida que se adentraba en las profundidades del metro, el ambiente comenzó a cambiar. Las paredes se convirtieron en lienzos vivos, cubiertos de grafitis y murales coloridos que narraban historias urbanas. Las luces parpadeantes y los sonidos de los vagones se mezclaban en una sinfonía caótica.


Marc se encontró en una estación en la que las marquesinas estaban adornadas con elementos góticos y modernistas. Era como si el pasado y el presente se hubieran fusionado en una única arquitectura. Los pasajeros que esperaban el tren llevaban trajes victorianos y vestidos de seda, mientras que los músicos callejeros tocaban melodías clásicas con instrumentos antiguos.


Al llegar a otra estación, el ambiente cambió drásticamente. Las paredes estaban cubiertas de azulejos vibrantes y las marquesinas se asemejaban a las estructuras modernas del famoso Park Güell. Marc se encontró en un vagón lleno de jóvenes artistas, poetas y músicos que compartían sus creaciones en medio del bullicio.


Continuando su exploración, Marc descendió a una estación en la base de la montaña de Montjuïc. Allí, se encontró con un funicular que ascendía hacia la cima. El funicular era un mundo aparte, con vistas panorámicas de la ciudad y sus maravillas arquitectónicas. A medida que ascendía, los edificios y las calles se volvieron borrosos, dejando paso a un paisaje surrealista y onírico.


Al llegar a la cima, Marc se encontró en un lugar lleno de jardines flotantes suspendidos en el aire. Cada uno de ellos representaba un ecosistema diferente, con flores exóticas y colores vibrantes que contrastaban con el cielo azul intenso. Era un paraíso escondido sobre la ciudad. Pero no todo era paz y tranquilidad. Las construcciones modernistas se desmoronaban lentamente, y los murales de las estaciones se desvanecían. La magia de aquellos lugares únicos estaba siendo eclipsada por el ritmo acelerado de la vida moderna.


Decidido a preservar la belleza de este mundo secreto, Marc se convirtió en un mensajero, llevando consigo relatos gráficos de las maravillas que había descubierto. Comenzó a organizar exposiciones y a compartir sus experiencias con el mundo exterior, invitando a otros a explorar y proteger aquellos lugares invisibles. Tachado de loco y de personaje excéntrico, se convirtió en una leyenda urbana que trascendió el tiempo. Sus pinturas, a las que él llamaba fotografías, dibujaban un futuro distópico vestido de un acogedor surrealismo. Y aunque la ciudad seguía creciendo y evolucionando, aquellos lugares mágicos permanecieron ocultos bajo sus calles, en un vagón olvidado y en el andén incorrecto, esperando a ser descubiertos por aquellos dispuestos a mirar más allá de lo visible.

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