De Sagrada Familia a Pubilla Cases

Sensation Seeker

Entre semana, mamá y yo vivíamos cerca de Sagrada Familia y los viernes por la tarde, gracias a mi papá, los pasaba siempre en el parque de al lado donde solía jugar con mis amigos del colegio hasta que él decidiera que era hora de irnos a mi casa de fin de semana. En aquél entonces no entendía nada de lo que pasaba pero aún así recuerdo que era muy feliz. Papá siempre me traía mi bocata favorito: bocata de jamón con pan con tomate y aceite de oliva. Estaba tan bueno que hasta llegó un punto en que todos mis amigos y yo merendamos lo mismo cada viernes.


A la hora de irnos hasta mi casa de fin de semana, teníamos que coger el metro en Sagrada Familia e ir hasta Pubilla Cases. Durante el trayecto solía contarle a mi papá todo lo que había hecho durante la semana y a veces me daba tiempo hasta de pintar. Aunque mi papá siempre ha tenido su “trabajo normal” explicaba a los demás que él era pintor. Solía decirme que tenía que perseguir mis sueños y que no importaba qué hacía durante el camino si seguía dirigiéndome hacia donde quería estar. Creo que eso que me explicaba era poco comprensible para una niña tan pequeña que apenas estaba en primero de primaria pero creo que lo entiendo. Él hacía todo este camino de ida y de vuelta cada día si podía venir a verme y de manera frecuente siempre que era fin de semana o tenía vacaciones en el “cole”.


Seguramente pasó unos momentos un poco difíciles pero gracias a ello ahora me doy cuenta que las múltiples paradas de metro de la línea azul se han convertido en mis favoritas. Puesto que conecta mi corazón de lunes a viernes con mi corazón los fines de semana. Así, de alguna manera, papá y mamá siguen juntos. Es por eso por lo que decidí pedirle a papá dibujar la Sagrada Familia, el lugar que creo que es mi punto de conexión con mi infancia y con la protección que he sentido a pesar de la ruptura familiar.


Las paradas de metro me las sé de memoria no porque quise y tampoco por costumbre. Sino porque también aprendí a vivir parte de mi vida compartida en esos vagones entre los cientos de dibujos en libretas A2 con el bolígrafo Pilot lila de papá y las sinfonías del metro en cada parada , como por ejemplo la más graciosa para mí en aquél entonces y ahora: “Próxima estació Sants Estació. Connexió amb Rodalies Renfe altres línirs de RENFE i estació d’autobusos”.


 


Como diría mi papá: hay cosas que no cambian, como nuestro humor estúpido y la felicidad de los momentos y recuerdos simples y pequeños.


 


Creo que tiene razón porque aquellos sentimientos los tengo guardados bajo llave. Es indescriptible cómo siento que al igual que él,  el metro también me han visto crecer... Porque papá y esas paradas de metro supieron cómo hice mi primer viaje sola, cómo quedé por primera vez con el chico que me gustaba y cómo iba a entrenar los martes y los jueves pero sobre todo, sabían que mi vagón favorito siempre ha sido el último.

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