Volver a confiar
Lo estás haciendo. Estás volviendo a pisar el metro. Tras tanto tiempo oyendo historias casi de miedo sobre este lugar, tanto reales como imaginarias, no creías atreverte a pisar las escaleras mecánicas y entrar al andén de nuevo. Y sin embargo aquí estás, volviendo a entrar a aquel lugar que, reconócelo, te empezaba a atemorizar.
Y es que, a pesar de ese miedo que asoma por pensar lo que te podría pasar, otras emociones se superponen ahora al recordar todos los trayectos que has hecho, la gente que has visto, las historias que has oído, etc. Incluso hoy, cuando has interactuado con otro pasajero hace unos minutos.
Has bajado y un hombre te ha preguntado cómo llegar a su destino. Al principio temías que fuera una triquiñuela a altas horas de la noche. Que solo quisiera incomodarte por puro placer. Pero le respondes sonriente, porque te alegra la pregunta y poderlo ayudar. Te sigue preguntando: quiere saber a qué hora cierra el metro. Le respondes que siendo entre semana, hoy cierra a las doce. Te mira pensativo unos segundos para romper luego el silencio con un agradecimiento, y se va.