Lo echo de menos
No puedo pensar en él. No puedo. Su hija, que se ahoga en sus propias lágrimas, paraliza mi pensamiento. No volverá a ver a su padre. Nunca más. Su mujer. No se volverán a abrazar. No volverán a besarse. Su madre. No volverá a reír. No puedo pensar en él. Lo echo de menos.
Es difícil explicar lo que siento en este momento. Es imposible. Lo echo de menos.
Estábamos los dos en una habitación. En una habitación pequeña. Era el silencio quien invadía la estancia. Callaban las palabras. Silencio. Mirándonos fijamente. Sin pensar en las consecuencias. Sin pensar. Pero deseándolo. Entre el miedo y el deseo, los dos en la habitación. Es cierto que los dos teníamos miedo, que estábamos paralizados. Era una sensación extraña, pero cuando nos abrazamos nuestro primer beso nos hizo reír. No podíamos para de reír. De besarnos.
No quiero pensar en él. Veo a su hija, a su mujer, a su madre.
Veo a mi mujer, que me está esperando, y le echo de menos.