Bajo tierra
El metro marca su próxima estación, pero nunca se vacía, solo se intercambian las personas , bajan unas y suben otras.
Me pregunto cuántas nacionalidades caben en un solo vagón.
Como hormigas en fila caminamos por los andenes buscando la combinación que nos lleve a cada uno a nuestro lugar, de la amarilla a la azul, de la roja a la verde.
Los rostros de las personas siempre están cansados en estas cápsulas transportadoras. Generalmente el viaje suele ser solitario y la tecnología sumerge a cada cuál en su propio mundo, al margen de lo que pase alrededor.
A veces la música alegra los túneles que se recorren.
El objetivo es llegar y el camino más corto de hacerlo es bajo tierra.
Bajo tierra me transporto en gusanos gigantes de acero, yo y miles como yo. Si nos vieran desde arriba seríamos una masa en movimientos ordenado, subiendo y bajando escaleras y apretujados tras las puertas que se cierran a la señal de un pitido.
Desprendiéndonos por los pasadizos como sangre por las venas, llenando cada hueco de este subsuelo.