Túneles

Clark Kent

Es hoy. Hoy es la cacería. Mi cacería.


 


Me levanto de mi lecho y me pongo mis ropas. Camino por los espacios tenuemente iluminados por luces parpadeantes y voy hacia la capilla de los ancianos. 


 


Es una habitación con paredes transparentes donde los venerables ancianos de nuestro clan guardan toda la información que encontramos y hacen los cálculos de los anuales. Se dice que el cacique lleva aquí 37 rotaciones, pero nadie lo sabe del todo, ni siquiera él mismo.


 


Por mi parte, hoy acaba mi decimoquinta rotación y empieza la decimosexta. Todos los integrantes del clan deben pasar una prueba para considerarse verdaderos adultos. Los que no la consiguen pasar, son desterrados a los túneles. No nos podemos permitir tener lastres.


 


El maestre de cazadores me eligió hace 6 rotaciones para instruirme como cazadora, para que esa fuera mi profesión, y durante todo ese tiempo me han enseñado todo lo que se puede saber sobre el rastreo y la caza en los túneles. Espero que sea suficiente.


 


Los ancianos me dan mis armas pertinentes y me desean buena suerte, y yo sola me dirijo hacia los túneles.


 


Antes de adentrarme hacia la oscuridad, miro hacia el cartel. No sé leer, solo los ancianos conocen tales técnicas, pero sé lo que pone. “Lesseps”. No sé lo que significó esa palabra, pero ahora es el nombre de nuestro clan. Bajo al suelo de piedras y empiezo a andar. Si vuelvo, será como cazadora. No puedo contemplar alternativa.


 


Ya he salido a cazar en otras ocasiones, pero siempre acompañada. Ahora, con solo mi presencia y una lanza para protegerme, entro al túnel. De pequeños, a todos nos instruyen para memorizar la red de túneles y todos los asentamientos que se encuentran en ellos. Aunque nunca he viajado a otro clan, entablamos comercio con ellos en ocasiones especiales. Por lo que sé, el nuestro es bastante pequeño. Y al parecer, nuestro vecino más próximo, “Catalunya” es de los más grandes. Los clanes que había a mitad de camino han ido pereciendo durante el tiempo. No eran lo suficientemente fuertes.


 


Mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad, pero sigo sin ver mucho. Me paro, y olisqueo el aire. Huelo mis presas. Debo ser silenciosa o escaparán. Además, nunca se sabe qué otros peligros pueden esconder los túneles. Renegados y desterrados suelen atacar las partidas de caza.


 


Nadie usa luz en los túneles. Espanta a los animales y revela tu presencia. La luz… es mala. Fuera de nuestros asentamientos, de nuestros clanes, hay una luz tan poderosa que quema tu piel. Por eso sellamos las salidas. Ni nuestro cacique, ni el que hubo antes de él, han salido nunca. Los túneles nos protegen de la luz. Los túneles son vida.


 


Llego hasta Fontana antes de lo que pensaba. Es un clan ya perdido. Huele a polvo y a muerte. Un lugar perfecto para las alimañas. Me adentro en el asentamiento olvidado. Algunas luces siguen intactas, pero las sombras envuelven el lugar. 


 


Me paro y cierro los ojos. Escucho.


 


Escucho hasta que lo oigo.


 


Chillidos. Los sonidos de mis presas.


 


Sigo el ruido, agazapada, y me la encuentro delante a lo lejos. Una rata, del tamaño de un infante. Cada vez son más grandes.


 


Cojo mi lanza y me preparo para lanzarla. Solo tengo una oportunidad. La punta de metal cruza el aire, silenciosa, hasta acabar en su costado. La criatura se retuerce pero acaba quieta.


 


Los túneles son vida.


 


Y yo soy la muerte que acecha en la oscuridad. Soy una cazadora.

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