EL PENDIENTE Y LA ESCALERA
El pendiente y la escalera
Como empezar un mal dia?
Habrán infinitos condicionantes que influyan, algunos de peso por lo que no debería frivolizar, pero otros bien tontos.
En una mañana de febrero de 1986, Isabel, (Isa para los amigos), se despertó gracias a su radio-despertador en el que sonaba "Wake me up before you go-go" de la mítica banda WHAM, parecía una broma!, la fiesta de la noche anterior había sido dura.
Asimilando su cruda realidad, salió de su confortable nido, con la lentitud y torpeza que su cuerpo y mente le permitían, lo que presagiaba que el dia facilmente iría de mal en peor.
No corrió mejor suerte al entrar en la ducha, justo en medio de una ola de intenso frío polar, la caldera decidió tomarse un descanso, proporcionandole un debate interno: ducharse y convertirse en un témpano humano?, o ir por partes? se decidió por la segunda.
En el desayuno no le fué mucho mejor, gracias a su poca previsión, su despensa estaba bajo mínimos, lo que la llevó a mirar el típico trozo de pizza sobrante de la noche anterior, que allí, sobre el frio mármol y pasadas las horas se había convertido en algo rígido e incomible.
Una vez minimamente presentable para salir al mundo, decidió ir al bar de la esquina donde con toda seguridad, Ventura dueño de éste, le daría la alegría mañanera que tanto se le estaba resistiendo. Pero como era de imaginar no iba a ser tan fácil, cuando giró la esquina vió que el bar tenía el cierre echado, en él había una nota que avisaba a los asiduos clientes de que ese dia, permanecería cerrado por mantenimiento del local.
Definitivamente se encaminó hacia el metro, con tanta perdida de tiempo al final llegaría tarde a su trabajo...
Recorriendo los túneles de Passeig de Gràcia, recordó el bar que había, dando vida junto al quiosco, el músico de turno y los vistosos murales publicitarios.
Mientras removía su café con leche y se relamía con el croissant recién horneado, observaba los perfiles que por allí iban pasando.
El dramas mañanero, la motivada con endorfinas gracias a su recién ración de gym, el de inevitable incontinencia verbal, el que está encantado de conocerse mirandose en la vitrina de la barra, la limpiadora que hace parada técnica para reponerse de los sinsabores de su vida...
De repente volvió a la realidad, ya había desayunado así que no le quedaba más remedio que acelerar otra vez el frenético ritmo, apretando el paso hasta llegar a la carrera, el metro estaba llegando y no lo podía perder.
Bajando los escalones a toda prisa, notó que el pendiente de pinza de su oreja izquierda se desprendía de ella, deslizandose sin remedio por la escalera, para acabar cayendo en las vías.
Atónita ante la situación se quedó mirándolo hasta que el metro lo tapó con su entrada.
El pitído del cierre de las puertas la sacó de su estado de shock, demasiado tarde, los vagones iniciaban de nuevo su marcha.
Sin entender lo que le estaba pasando y mirando a otros resignados pasajeros a los que también unos segundos les había cambiado el ritmo, se fijó en un hombre que ojeaba su periódico, y mirando de reojo la portada, reparó en la fecha, Domingo 2 de febrero de 1986.
Sintiendose rematadamente tonta, se encaminó hacia la escalera, para volver sobre sus pasos, eso sí, ésta vez lentamente.
Ya de nuevo en su confortable nido del que nunca debió salir, se quitó su único pendiente lo miró con cariño y lo guardó en el joyero, eso sí, no sin antes desconectar el maldito despertador y desearse un feliz DOMINGO.