UN VIAJE ATEMPORAL
Desde que era niño he sentido fascinación por la tecnología, recuerdo estar haciendo bocetos y maquetas de las futuras máquinas que soñaba algún día fabricar. Pero la razón por la que me levantaba por las mañanas, era el deseo de poder fabricar una máquina del tiempo.
Estudié para ser ingeniero, logré convertirme en uno, pero no me gustaba mi trabajo, era tan aburrido, creía que haría inventos fascinantes e innovadores, pero no fue así. Era un día normal, tan monótono como lo habían sido todos los del año. Saliendo del trabajo caminé hasta la estación de metro, pero estaba en obras, así que tendría que ir en taxi hasta casa. Cuando llegue cansado, mi amigo me envió un mensaje pidiéndome un libro. Rebusqué entre las estanterías, pero lejos de encontrar aquel libro, encontré una antigua foto mía, tendría unos diez años. Si aquel niño supiera que no inventó una máquina del tiempo, su vida hubiera sido miserable. No podía defraudarlo, era el único que creería en mí hasta el final, realmente no podía decepcionarlo. En sus ojos se reflejaban sus sueños, y yo los cumpliría.
Aquella idea no salía de mi mente, hasta que al final callé la voz de mi cerebro y comencé a diseñar la máquina del tiempo. Utilicé todos mis conocimientos de ingeniería y física. Día y noche trabajaba en el proyecto. A veces pasaba días sin comer para no gastar tiempo. Pero aquellos severos métodos dieron sus frutos, pude terminar la máquina del tiempo en el transcurso de dos años. Estaba tan feliz, no hay palabras para describir mis sentimientos en aquel momento. ¡Había cumplido mi sueño! Me dejé caer en la cama, listo para disfrutar mi primer momento de paz en dos años. Solamente me faltaba introducirla en el metro, así podría conseguir un tren que viajase en el tiempo, aquel iba a ser el invento del siglo.
Por la mañana, fui a instalar mi máquina al tren. No estaba para perder el tiempo, así que saqué rápidamente mis herramientas y me limité a instalar la máquina.
Me encerré en la cabina para empezar el viaje. El tren arrancó bruscamente, haciendo que me tambalea. Durante aquellos segundos infernales, el tren iba a una velocidad vertiginosa. Gracias a eso, llegó al destino en menos de un minuto. Cuando el tren paró, saltaron chispas de los cables que me rodeaban.
-¡NO ESTOY LOCO! - me dije para tranquilizarme. - No sé donde estoy, pero puede que haya retrocedido algunos años atrás.
Decidí salir de la cabina. La estación estaba totalmente nueva en su día de la inauguración, y la gente en el andén vestía de traje y la mayoría llevaban sombreros y boinas.
- ¿En qué estación estoy y qué día y año es? – pregunté a un señor en el andén.
- Bordeta, 10 de junio, 1926! Quiero ir al centro, por fin. - me gritó con alegría y me miró con recelo, viéndome volver a la cabina sin decir nada.
- Bien…- susurré un poco asustado y me propuse – Buscaré el modo de volver.
Me quedé pensativo.
- ¡No! Sin antes salvar a Gaudí, uno de los arquitectos más importantes de la historia. Estoy en 1926, fue el año en que él murió. Y justo es 10 de junio.
– Le atropelló un tranvía de la línea 30, en la calle Gran Vía de les Corts Catalanes entre las calles de Girona y Bailén. Espera, el accidente fue 7 de junio. No puedo salvarle, no soy un médico.
…
Me desperté en el presente. En la Barcelona actual.
Ahora, hace meses que fueron los sucesos, y no soy famoso ni rico por mi invento, tal vez porque el mundo no lo conoció. Lo guardé en secreto.